¿Podemos controlar el destino o el azar?

No son pocos quienes admiten que el azar está continuamente entre nosotros, que somos rehenes del destino y que viven atemorizados.

 
¿Podemos controlar el destino o el azar?

“Cuando me abandone mi Alma cumpliendo con mi destino se irá con ella mi sombra, mi sangre espesa de grillos, cantará en el joven cauce de los ríos de mis hijos”; dice el inicio de la chacarera que interpreta Soledad Pastorutti, con letra de Pablo Trullenque y Cuti Carabajal.


Cuando nos enfrentamos a lo desconocido, a lo azaroso, a lo que nosotros creemos que no podemos controlar, pues en realidad no controlamos nada, surgen los interrogantes, las dudas nos invaden y ¿qué hacer con eso?. Cuando nos toca atravesar alguna situación traumática, pensándola a la misma como una acción, impresión, que nuestro aparato psíquico no puede tramitar,  la energía psíquica inunda  el mismo. Como puede ser un accidente, algún hecho importante de salud o el sólo miedo de que pueda ocurrir, el miedo nos paraliza.


El control, es un tema muy importante para muchos, algunas personas toman sus recaudos como no viajar en horarios nocturnos, aumentar sus controles a la hora de realizar alguna actividad, hasta realizar una investigación sobre la tasa de accidentes de una compañía aérea, si tienen que subirse a un avión. Ya Freud, cuando describía las Neurosis de Guerra y en su escrito “Repetir, Recordar y Reelaborar”, nos habla que la parte más costosa para el aparato y más difícil es la elaboración de ese suceso traumático, por ejemplo un accidente. Las imágenes vuelven, acompañadas por el sentimiento que le produjo, pero en cada regreso se la vive de manera distinta, y es en esa vuelta que se va elaborando más la situación traumática.


Ahora bien, ¿Se pudo haber evitado eso que sucedió?, ¿Cómo hacer para que no ocurra?. ¡Choqué!, ¿si me vuelvo a subir al auto, sucederá de nuevo?. Muchas de estas preguntas aparecen luego de un accidente que nos tocó vivir,  que vimos en algún medio de comunicación o que le paso algún ser querido. El destino, el azar, para  muchos está marcado, para otros lo vamos construyendo cada uno, lo importante es estar convencido de lo que se está haciendo, que esté acompañado por el deseo y de esa forma saldrá más fácil y sin miedos.


La muerte, es la gran incógnita y no se puede simbolizar la muerte propia, decía Freud. Cuando suceden estos miedos, la pregunta también es, de qué tipo de muerte estamos hablando, cuál es el miedo de la desaparición física, y si de a poco vamos encontrando un sentido, también se lo vamos ir dando a la vida. El azar está constantemente ante nosotros, y como sujetos, si tenemos la responsabilidad de qué hacer con ello, si el azar nos pone delante una persona, una situación difícil o un amor; está en nosotros poder darle el sentido de que vino a decirnos en ese momento y no en otro.


El miedo a la incertidumbre estará, pero tenemos que aventurarnos en las sorpresas que nos presenta la vida, en ellas, puede aparecer la verdadera felicidad, pues el control no garantiza la misma y tampoco la vida asegurada. Animarnos a tirarnos en el tobogán de las emociones y la dinámica de lo no previsto, nos hará sentir realmente como dice la palabra, todo tipo de sensaciones que jamás nos hubiéramos imaginado, y si el final llega como dice la Chacarera, si “La muerte vive celosa de mi amada flor la vida, dicen que me anda buscando ¡ojalá si algún día me pilla, me halle machao y cantando pa’ que se muera de envidia!.


(Fuente: YO CREO / Autor: Lic. Fernando Otondo)

 
 

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