Ante el dolor que nos deja sin palabras

El desconsuelo que nos provoca la aparición del cuerpo de Tomás.

 
Ante el dolor que nos deja sin palabras

La noticia de la aparición del cuerpo de Tomás Dameno Santillán, un niño de tan solo 9 años, nos sacude una vez más.


Y al menos podemos constatar que hechos así, violentos, que terminan con la vida de inocentes, todavía nos entremecen. Al menos, digo, no nos acostumbramos a ver morir a los niños.


Nos invade el dolor y la impotencia, compartimos las lágrimas de la familia de Tomás, claro está, sabiendo que su desconsuelo es mucho mayor al que podemos experimentar el resto de la sociedad.


¿Qué nos queda por hacer cuando la tragedia ya es un hecho? Se me ocurren un par de cosas, seguramente se podrán sumar muchas y más valiosas ideas.


En principio, hacernos cargo de que somos parte de la sociedad, una sociedad enferma de violencia. Necesitamos comprometernos desde nuestro lugar con la paz, en las familias, los ámbitos de trabajo y educativos, en las relaciones sociales más diversas.


Cada gesto, cada palabra, cuentan.


Como ciudadanos debemos participar en la construcción de una sociedad mejor, cosa que no se logra simplemente yendo a votar cada dos años. Tal vez la militancia política, quizás participar de ONGs o instituciones de base, o cualquier otra forma que nos ayude a romper la inercia y poner el hombro para que todos podamos vivir en paz. Una paz que siempre es fruto de la justicia (en todo sentido: social, economico, penal, etc.) porque donde no hay justicia no hay paz verdadera.


Y claro, para quienes somos creyentes, rezar. Pedir al Señor que nos ilumine y fortalezca para trabajar en el mundo con el corazón en el cielo, para sembrar el Reino en todas las realidades que compartimos. Sí, ya lo sabemos, no es nada fácil, pero para Dios no hay imposibles.


Desde Yo Creo elevamos nuestra oración por Tomás, encomendándolo al Señor de la Vida. Y quienes tienen el deber de hacer justicia, les pedimos que este no sea un caso más que engrosa estadísticas.


M.N. © Yo Creo



 

 
 

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