Bergoglio: Homilía sobre el amor a Dios y al prójimo

El relativismo que, con la excusa del respeto de las diferencias, homogeiniza en la transgresión y en la demagogia; todo lo permite para no asumir la contrariedad que exige el coraje maduro de sostener valores y principios.

 
Bergoglio: Homilía sobre el amor a Dios y al prójimo

 “Esta fecha patria es un momento propicio para detenernos y preguntarnos por el corazón, el alma, el espíritu y las fuerzas de nuestro amor ciudadano y familiar. Ese amor que nos enseña a vivir bien y ayudar en el crecimiento de los otros, que son como nosotros, que merecen el amor como nosotros por ser personas y compatriotas”, afirmó el arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la homilía que pronunció hoy durante el solemne tedeum de acción de gracias que presidió en la catedral metropolitana en la fiesta del 25 de Mayo, aniversario del Primer Gobierno Patrio.


Según la tradición dos veces centenaria, la celebración del tedeum en la catedral porteña era solicitada por el Presidente de la Nación, pero desde hace unos años las autoridades nacionales, sin explicación alguna, decidieron concurrir al tedeum en el interior del país. Este año la presidenta Cristina Fernández lo hará en la catedral de San Carlos de Bariloche.


Solo el amor es plenamente confiable


Previamente a la homilía, se dio lectura a un pasaje del evangelio de San Marcos, en el que a la pregunta de un escriba acerca de cuál es el primero de los mandamientos, Jesús le responde: “Amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos”.


Basado en estas palabras el purpurado porteño dedicó su homilía al amor. “Sólo la nobleza de corazón, de un corazón que no puede dejar de amar, puede tender puentes y vínculos. Sólo el amor es plenamente confiable”, afirmó.


Luego recordó que “salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades de los hombres, nuestros padres de Mayo, con sus muchas diferencias y errores, apostaron a la confianza mutua que es raíz y fruto del amor. La confianza de poder poner las bases para conducir nuestro propio destino y todo lo que simbolizamos como Patria y Nación”.


 “Y sin enunciados previos -agregó-, un verdadero amor social se fue dando en el sacrificio diario de la construcción de esta Nación. Sangre y trabajo, renuncias y destierros llenan las páginas de nuestra historia. Aun oponiéndose el odio fratricida y las ambiciones particulares que traban y atrasan, no hacen sino confirmar que el amor a aquel proyecto fundante iba llevando a cabo este sueño de ser argentino. Inconcluso o truncado, herido o debilitado, el sueño está ahí para seguir siendo realizado y el Evangelio que hoy nos ilumina nos recuerda el amor fundante”.


 “Jesús no da sólo un mandamiento en el sentido más común de la palabra -continúa- sino que proclama la única forma de fundar un vínculo y una comunidad que sea humanizadora: el amor gratuito, sin reclamos, que es consistente por convicciones, que siente y piensa a los otros como prójimos, es decir como a sí mismo. El amor que propone Jesús es gratuito e ilimitado y por ello muchos lo consideran, a Él y su enseñanza, un delirio, una locura y prefieren conformarse con la mediocridad ambigua… sin críticas ni desafíos.


 “Esta ‘locura’ del mandamiento del amor que propone el Señor y nos defiende en nuestro ser aleja también las otras ‘locuras’ tan cotidianas que mienten y dañan y terminan impidiendo la realización del proyecto de Nación: la del relativismo y la del poder como ideología única. El relativismo que, con la excusa del respeto de las diferencias, homogeiniza en la transgresión y en la demagogia; todo lo permite para no asumir la contrariedad que exige el coraje maduro de sostener valores y principios. El relativismo es, curiosamente, absolutista y totalitario, no permite diferir del propio relativismo, en nada difiere con el “cállese” o “no te metas”.


 “El poder como ideología única es otra mentira. Si los prejuicios ideológicos deforman la mirada sobre el prójimo y la sociedad según las propias seguridades y miedos, el poder hecho ideología única acentúa el foco persecutorio y prejuicioso de que todas las posturas son esquemas de poder y todos buscan dominar sobre los otros. De esta manera se erosiona la confianza social que es raíz y fruto del amor”.


Llamamiento a un examen de conciencia


El cardenal Bergoglio señaló que “esta fecha patria es un momento propicio para detenernos y preguntarnos por el corazón, el alma, el espíritu y las fuerzas de nuestro amor ciudadano y familiar. Ese amor que nos enseña a vivir bien y ayudar en el crecimiento de los otros, que son como nosotros, que merecen el amor como nosotros por ser personas y compatriotas. Ningún sistema o ideología asegura por sí mismo este cuidadoso y justo trabajo político del bien de los otros, de todos nosotros. Para ello hace falta vivir el amor como don preciado e invocado, que inspira la ética y el sacrificio, la prudencia y la decisión. Entonces, ante este mandamiento que pide todas nuestras fuerzas, ante este don que ayuda a fundar nuestra conciencia cívica y política más honda y que, sobre todo, pide un corazón noble, nos hará bien hoy, con coraje genuino, hacer un examen de conciencia y preguntarnos en concreto sobre una realidad cotidiana que precisamente es lo contrario al amor, es consecuencia del desamor: ¿qué nos lleva a ser cómplices, con nuestra indiferencia, de las manifestaciones de abandono y desprecio hacia los más débiles de la sociedad?


 “Porque en la voracidad insaciable de poder, consumismo y falsa “eterna-juventud”, los extremos débiles son descartados como material desechable de una sociedad que se torna hipócrita, entretenida en saciar su “vivir como se quiere” (como si eso fuera posible), con el único criterio de los caprichos adolescentes no resueltos. Parecería que el bien público y común poco importa mientras sintamos el “ego” satisfecho. Nos escandalizamos cuando los medios muestran ciertas realidades sociales… pero luego volvemos al caparazón y nada nos mueve hacia esa consecuencia política que está llamada a ser la más alta expresión de la caridad. Los extremos débiles son descartados: los niños y los ancianos”.


Más adelante advirtió “¡con qué facilidad, cuando no hay amor, se adormece la conciencia! Entregamos las vidas de nuestros niños y jóvenes a las soluciones mágicas y destructivas de las drogas (legales e ilegales), del juego legalizado, de la medicación fácil, de la banalización hueca del espectáculo, del cuidado fetichista del cuerpo. Y, a nuestros ancianos, que para este narcisismo y consumismo son material descartable, los tiramos al volquete existencial. Y así, la falta de amor instaura la “cultura del volquete”. Lo que no sirve, se tira”.


Sólo el amor podrá salvarnos


Tras otros conceptos, el arzobispo de Buenos Aires concluyó su homilía asegurando que “lejos de ser un sentimentalismo común, y una mera impulsividad, el amor es una tarea fundamental, sublime e irreemplazable que hoy se torna una necesidad para ser propuesta a una sociedad deshumanizada. Sólo así viviremos nuestros esfuerzos, logros y fracasos con un sentido sólido y refundante, aunque sean mezclados y conflictivos como los de mayo de 1810. Ya conocemos hacia donde nos llevan las pretensiones voraces de poder, la imposición de lo propio como absoluto y la denostación del que opina diferente: al adormecimiento de las conciencias y al abandono. Sólo la mística simple del mandamiento del amor, constante, humilde y sin pretensiones de vanidad pero con firmeza en sus convicciones y en su entrega a los demás podrá salvarnos”.


(Fuente: AICA)


 


 
 
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