Cara a cara con el dolor incomprensible

La tragedia de Once nos enfrenta a la experiencia de ver el dolor propio o el de nuestros hermanos consumidos por la tragedia. La oración es un camino que siempre ayuda.

 
Cara a cara con el dolor incomprensible

Padre misericordioso,


Señor de la vida y de la muerte


Nuestro destino está en tus manos.


Míranos con bondad y guía nuestra existencia


con tu providencia, llena de sabiduría y amor.


Reanima en nosotros, Señor, la luz de la fe


para que aceptemos el misterio


de este intenso dolor y para que creamos que tu amor


es mas fuerte que la muerte.


Mira, Señor, con bondad la aflicción de quienes lloran


la muerte de personas queridas: hijas, padres, hermanos, parientes, amigos.


Que sientan la presencia de Cristo que consoló a la viuda de Naím


y a las hermanas de Lázaro, pues Él es la resurrección y la vida,


Que encuntren el consuelo del Espíritu, la riqueza de tu amor


y la esperanza de tu providencia, que abre senderos de renovación espiritual


y asegura a quienes le aman un futuro mejor.


Ayúdanos a comprender en este misterio del dolo


que somos peregrinos en la tierra, que debemos estar siempre preparados,


porque la muerte puede llegar improvisamente.


Recuérdanos que debemos sembrar en la tierra lo que recogeremos


multiplicado en la gloria, para que vivamos mirándote siempre a ti,


Padre y juez de vivos y muertos, que al fianl nos juzgarás con amor.


Te damos gracias, Padre, porque en la fe el dolor nos acerca más a ti


y en él crece la fraternidad y la solidaridad de todos los que abren


su corazón al prójimo necesitado. Amén



 


(Juan Pablo II)


 
 

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