Cuando al alma duele, el cuerpo lo padece

Nuestras emociones, desde las más pequeña de cada día, hasta los momentos me mayor estres pueden generar en nosotros enfermedades. ¿Qué hacer con ellas?

 
Cuando al alma duele, el cuerpo lo padece

En el artículo de hoy, vamos a sumergirnos en las profundas aguas del cuerpo, como se manifiestan en él nuestras emociones, ¿qué vienen a decirnos todos los síntomas y malestares del mismo? Muchas molestias y enojos, nos generan ciertos padecimientos corporales que nos impiden o nos limitan la vida cotidiana, pero avancemos un poco más al respecto.



Como primer paso, es interesante poder diferenciar las Emociones, del Afecto y  los Sentimientos. Las primeras, son del orden de lo biológico, se sienten; el afecto es una bisagra entre la emoción y el cuerpo, y por último los sentimientos es la decodificación, es ese ponerle un nombre. El Afecto lo podemos definir como tensión y descarga, una descarga interna, es una descarga que aumenta la tensión.


Ahora bien, ¿Cómo podemos procesar ese afecto?, ¿Cómo sería? En principio  poder transformar esa cantidad en cualidad, lo podemos hacer de tres maneras: ligarlo a otra idea, descargarlo de diversas maneras, o defendiéndose, éste último, puede ser suprimiendo, negando o desmintiendo el mismo.


Es  este tipo de defensa, en la que el afecto va directo al cuerpo,  se separó de la representación que le dio origen, o sea de la impresión que lo generó. Según Doltó, la irrupción de estas enfermedades es del orden de la compulsión a la repetición. Aquello que no puede ser tramitado aparece como marca en el cuerpo.


Desde enfermedades clásicas, como psoriasis, asma, hasta el cáncer, muchos autores, se han introducido en la temática, para poder dar una respuesta cuando la ciencia no las tiene. Pero sin irnos tan lejos, un malestar gástrico, colon irritable, contracturas, afonías, ciertas alergias, etc.; es interesante que cada uno, más allá del malestar que nos generen, nos podamos preguntar qué nos viene a decir cado uno de estos síntomas. Esto es, poder pensarse, poder detenerse unos minutos y poder captar, cuando comenzaron los mismos, que se percibía en ese momento, que  sentimiento transcurría. Si bien al principio, puede ser que no se nos ocurra nada, luego podemos ir viendo y re pensándonos, si pasó alguna situación o algo en que esa emoción, se sintió o no, con una determinada intensidad, y que pasó con su tramitación, o sea qué se hizo con eso. Una forma de tramitarlo es con las palabras, poder manifestar, captar, lo que se sintió, poder expresarlo, ayuda.


Durante una situación de estrés, se descargan ciertas sustancias que inhiben el sistema inmunológico. La ansiedad, actúa como disparador para que se genere un síntoma, en una determinada zona específica. Siempre, es interesante, pues no es cualquier zona, analizando el caso por caso, vemos que algo tiene que ver esa zona con la emoción percibida.


Tanto un duelo, como un enojo, miedos, culpa, etc., se sienten en el cuerpo, poder reconocer, qué es lo que nos viene a mostrar ese padecimiento, es un trabajo duro, pero muy interesante para poder tomar conocimiento de nuestro cuerpo,  de nuestras emociones y  de cómo funcionamos. Podemos descubrir, que no somos una cabeza separada de nuestro cuerpo, sino que somos un todo, completo. Muchas veces, y la mayoría, nos olvidamos de eso, y son esos síntomas, padecimientos, malestares, los que nos ponen en aviso, que hay algo que no se percibió,  que no se elaboró, que no se dijo.


Tomémonos el tiempo, y pensemos, que nos viene a decir ese malestar. Cuando empezamos a dialectizarlo, a poder expresarlo, seguramente algún cambio habrá en la dinámica del mismo y su intensidad.


(Fuente: YO CREO / Autor: Lic. Fernando Otondo)


 
 

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