Educar, descubrir

En la actualidad, no queda demasiado claro el rol que juega la educación en el entramado social. Por eso, primero es necesario definir a qué hace referencia el término “educación”.

 
Educar, descubrir

En la actualidad, no queda demasiado claro el rol que juega la educación en el entramado social. Por eso, primero es necesario definir a qué hace referencia el término “educación”: proviene del vocablo latino ducere, que significa ‘conducir’, ‘llevar adelante’. Entonces, educere quiere decir ‘sacar afuera’. “Educación”, de “educir”, involucra la acción de ayudar a alguien a sacar algo fuera de sí, a descubrir lo que hay en sí para, exteriorizándolo, poder descubrir luego qué lugar ocupa en el cosmos, en el mundo en el que vive.


Para Platón el acto de educar aduce a la imagen de un pedagogo (pedagogía: conducir o llevar al niño) que ayuda a su discípulo a revelar los conocimientos del mundo. Sostenía que el ser humano como tal posee todo el saber dentro suyo, lo conoce todo, pues todo conocer es un recordar (teoría de la reminiscencia o mito del carro alado); por ello, requiere a distintas personas para que lo ayuden a recordar lo que hay dentro de sí para ser educado. “Se trata de la liberación del hombre, sumido en la oscuridad de sombras e imágenes inconstantes, a mercedes de meras opiniones y pareceres, una liberación como proceso de purificación del alma, y retorno del hombre al mundo de las Ideas y, en última instancia, de la idea del Bien Supremo, del verdadero Ser y origen de todo orden”(1).


El maestro no es aquel que enseña, propondrá san Agustín, sino aquel que ayuda al discípulo a descubrir el conocimiento dentro sí, el único que enseña es Cristo. No hay, como ocurre en el caso de Platón, recuerdo de vidas pasadas, pues, como cristianos, no creemos en la reencarnación. En la filosofía agustiniana, hallamos la presencia de Dios en el interior de cada persona y, con ella, de la sabiduría.


Educar es el acto de ayudar al discípulo −hoy el alumno− a conocer, comprender y aprehender los conocimientos para sí; la educación es, para el educando, como su mapa de ruta mediante el cual, superando obstáculos personales, desviaciones, lo guía hacia su fin. Por esa razón, la educación es un derecho propio del hombre en cuanto merece ser estimulado para valerse de sí mismo y poder desarrollarse humanamente digno en toda su integralidad; al mismo tiempo que tiene derecho a recibir la educación adecuada tanto en los valores humanos que le permitan ser hombre o mujer de bien, y adquirir los conocimientos necesarios sobre el medio en el que vive, su historia y la realidad que lo circunda para armar su propia personalidad y descubrir para qué está llamado en su vida.


“Toda vida tiene un carácter teleológico: lleva en sí un plan y un destino fundamentales que presiden el desarrollo de las virtualidades. A ese proyecto básico, ínsito por Dios en la naturaleza del ser humano, nos referimos al decir que el hombre es un proyecto dinámico”(2), el documento del Episcopado Argentino deja entrever la importancia de la educación en la vida de todo hombre y mujer, al ser la herramienta fundamental para que diseñemos nuestro proyecto de vida, en el que están involucrados todos su aspectos: lo que somos como personas, como seres educados, con nuestro valores y nuestra propia historia, lo que hemos aprendido y el conocimiento que hemos asimilado para nosotros.


La educación tiene el sentido de ayudar al otro a descubrirse, a sacar de su interior aquello que es, donde radican sus deseos, sus anhelos y sus sueños para poder cultivarlos y desarrollarlos, potenciando sus virtudes, a fin de concretar su proyecto personal, único e intransferible.


El hombre debe poder encontrar el sentido último de su existencia, su para qué estar hoy y aquí, su porqué y su para quién/es, dado que nadie puede ser para sí mismo, sino que todo hombre está destinado a ser en comunidad, con otros y en los otros. La visión del hombre, especialmente en lo que respecta a su crecimiento y evolución personal, no puede quedar nunca reducida −como pareciera ocurrir en la actualidad− a su desarrollo profesional y socioeconómico hedonista. “Esa imagen del hombre no puede considerarse cabal si no conlleva el sentido de la vida, el porqué y el para qué del existir”(3).


La finalidad última del proceso educativo es ayudar a descubrir en cada persona la verdad sobre sí misma, es decir, responder a los interrogantes más profundos de la vida y de la propia muerte. El ser humano debe comprender el porqué del luchar, del sufrir y del amar, del padecer, del trabajar, del tener esperanzas, del esperar.


(Fuente: Emilio Rodríguez Ascurra - contactoconemilio@gmail.com)


 


 


 


 
 

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