El día que Francisco estuvo cerca de Buenos Aires

La mirada íntima de un activo participante de la Jornada Mundial de la Juventud.

 
El día que Francisco estuvo cerca de Buenos Aires

La Jornada Mundial de la Juventud 2013 podrá ser recordada como aquella en la que el Papa Francisco estuvo cerca de su antigua casa, su querida Buenos Aires. Su llegada a Rio de Janeiro poco antes de las 16 del día lunes estuvo acompañada del entusiasmo y la alegría de los jóvenes llegados de todas partes del mundo.


La Catedral estaba ya colmada desde el mediodía donde el calor y el peso del sol se hacían sentir fuertemente, a las 18 estaba anunciada la Misa para los peregrinos argentinos, si bien no iba a ser presidida por el Santo Padre, sí era el punto desde el que iniciaría su recorrido el papamóvil para llegar al Palacio Guanabara donde se realizaría la ceremonia de bienvenida.


Las campanas de la Catedral resonaron en el mismo instante en el que el Papa tocó piso brasilero, luego lo hicieron nuevamente cuando llegó en el auto que lo trasladó desde el aeropuerto al templo para subir al papamóvil y poder encontrarse con los miles de jóvenes apostados en el vallado y en las calles contiguas. Alrededor de las 17 el papamóvil bajó por la explanada de la Catedral y la figura del Papa se hizo ver por todos quienes allí aguardábamos desde hacía más de 2 horas, su rostro irradiaba serenidad, su sonrisa transparentaba alegría por estar allí.


El operativo de seguridad fue fuerte, pero el pedido del Papa fue cumplido y quienes allí estábamos pudimos apostarnos cerca y ver pasar al papamóvil a escasos metros, creo no más de 2. Las calles laterales, los puentes que cruzaban la avenida, estaban abarrotados de jóvenes que cantaban y vitoreaban desde hacía horas, el tiempo parecía haberse detenido, pues el clima era de un gozo inmenso y se experimentaba una gran esperanza por la Iglesia que allí celebraba a su pastor.


La misa de los argentinos, como se dio en llamarla fue presidida por Monseñor Arancedo, Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, y concelebrada por varios obispos y sacerdotes del país, el clima de euforia no abandonó a ninguno de los más de 20.000 presentes que llenaban el templo.


Pero si algo descolocó a los fieles fue el sonido de sirenas y gritos en medio de la celebración, en ese momento ninguno de los presentes entendíamos que ocurría, hasta que al final de la Misa hicieron pública la noticia de que el Papa había querido participar de la Misa, sin embargo no había querido interrumpirla. Luego de salir de la ceremonia en el Palacio de Guaratiba, hizo que el coche que los trasladaba volviera a la catedral, sin operativo ni vallado a su paso, según testimonio de personas que se encontraban en la calle, la gente quedaba boquiabierta al ver pasar a un auto que trasladaba nada menos que al líder de los 1200 millones de católicos, no faltó quienes corrieran junto a él y se arrojaran contra las puertas y ventanillas del coche. Al llegar bajó del auto e ingresó a una capilla que se encuentra debajo del altar mayor y allí rezó algunos minutos mientras transcurría la Misa.


Algunos lo vieron salir, una joven que se encontraba en el mismo lugar cuenta que levantó su vista y el Papa pasó caminando a su lado; otros lo sospechamos al escuchar gritos y sirenas de coches de policía, el Papa estaba allí, trasgrediendo protocolo y normas de seguridad, caminando junto a su pueblo, junto a la gente que aplaudía con gran fervor cada vez que se lo mencionaba en la homilía o en otros momentos a los largo de la celebración. La JMJ está en marcha, el Papa custodiado por millones de jóvenes llegados de todas partes del continente.


Uno de los momentos de mayor emoción fue cuando se dio a conocer la noticia de que el Papa 48 horas antes había modificado su agenda y pedido un encuentro exclusivo con los jóvenes argentinos, el Papa Francisco quería hablarles a quienes habían llegado de su mismo país natal, el mismo se llevó a cabo el día jueves a las 12:30en la Catedral, miles de jóvenes esperaban desde las 17 del día anterior, en una de las catequesis me pude encontrarme con una joven religiosa que día antes me había dicho “sin ver al Papa no me voy”, y así fue: ingresó primera a la Catedral de Rio para el encuentro con los argentinos.


(Fuente: Emilio Rodríguez Ascurra)


 
 

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