El libro del Pueblo de Dios: la traducción argentina de la Biblia

A 30 años de la publicación de la "Biblia argentina", fruto del esfuerzo y trabajo de cristianos comprometidos con la evangelización,

 
El libro del Pueblo de Dios: la traducción argentina de la Biblia

El 18 de noviembre de 1965, el Papa Paulo VI promulgó, como fruto maduro del II Concilio Vaticano, la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, más comúnmente conocida como “Dei verbum”.

En sus número 21 y 22 se lee: “La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. [...]

[...] En los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos… Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso a la Sagrada Escritura. Por ello la Iglesia ya desde sus principios, tomó como suya la antiquísima versión griega del Antiguo Testamento, llamada de los Setenta, y conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas, sobre todo la que llaman Vulgata. Pero como la Palabra de Dios debe estar siempre disponible, la Iglesia procura, con solicitud materna, que se redacten traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos primitivos de los sagrados libros....”

No es verdad que en Argentina llegamos siempre tarde, porque ya en el año 1958 (o sea 7 años antes que la Constitución “Dei Verbum”), un grupo de sacerdotes y laicos, convocados por el Pbro. Alfredo Trusso (fallecido santamente el 29 de enero de 2006, a los 84 años), sintiendo la necesidad y comprendiendo la urgencia de difundir la Palabra de Dios en una versión adaptada a la manera de hablar de nuestro pueblo, concibieron la idea de realizar nada menos que una nueva traducción de la Biblia. El aliento brindado por varios Obispos del país, especialmente por Jorge Kemerer, entonces Obispo de Posadas, dio el espaldarazo definitivo a este propósito.

El trabajo comenzó con la versión de los Evangelios. El primero de ellos -san Mateo- apareció en 1961, y en 1964 se publicaron los cuatro Evangelios, con el título LA BUENA NOTICIA DE JESUS. Ante la favorable acogida que tuvo esta versión, se decidió continuar la traducción de los otros textos del Nuevo Testamento, cuya versión completa apareció en 1968 con el título de EL LIBRO DE LA NUEVA ALIANZA, bajo la responsabilidad de los Pbros. Alfredo Trusso y Armando Levoratti. Ellos mismos -después de 22 años de trabajo ininterrumpido- presentaron la primera edición de la Biblia completa en 1981 con el título de EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS. Esta versión ha sido adaptada para los Leccionarios de las celebraciones litúrgicas en nuestro país y en Chile, Paraguay y Uruguay.



Los objetivos que dieron origen a la traducción argentina de la Biblia, fueron:

- Que la Palabra de Vida llegue realmente a todos los que tienen hambre y sed de ella para alimentar y renovar constantemente su fe.

- Que sea accesible a la mentalidad y a las posibilidades económicas de sus destinatarios, especialmente, los más pobres y marginados.

- Que esa Palabra ocupe un lugar de primer orden en la homilía litúrgica, en la catequesis y en toda la acción evangelizadora y social de la Iglesia argentina.




San Agustín, pensando al hombre como un peregrino, como un desterrado de una Patria en la que nunca antes había estado, entiende a la Biblia como un conjunto de cartas que se nos envían desde esa Ciudad celestial a la que tendemos, para estimular nuestro camino, para sostener nuestro anhelo, para invitarnos a volver a ese lugar maravilloso en donde aún no hemos estado. “El que peregrina, y se sabe un peregrino, desea la patria, y ese deseo hace penosa la peregrinación. Si uno ama la peregrinación, se olvida de la patria y no quiere regresar. Nuestra Patria es tal que no podemos anteponerle ninguna otra cosa. Puede suceder que algunos hombres se enriquezcan mientras peregrinan. Los que pasaban necesidad en su propia patria y se enriquecieron durante la peregrinación, no quieren volver. Pero nosotros hemos nacido como peregrinos, lejos de nuestro Señor que inspiró el hálito de vida al primer hombre. Nuestra Patria está en el cielo, nuestros conciudadanos son los ángeles. Desde nuestra patria, para invitarnos a volver, nos han mandado unas cartas que diariamente se leen al pueblo” (Sermón 378, 1). Por eso, siempre debemos encontrar un momento en nuestra jornada para leer la Biblia, porque –como también dice Agustín, comentando el Salmo 85-: “Dios te habla cuando lees la Biblia, tú le hablas cuando oras”. Esto es posible sobre todo cuando esas cartas se nos presentan en un lenguaje entendible.

No podemos dejar de caminar. Navegamos mar adentro, asustados muchas veces por la violencia del oleaje y la fuerza de los vientos contrarios, pero nutridos por la Palabra y reconfortados por el banquete de la Eucaristía y el amor de los hermanos de peregrinación. Confiemos en Dios que nos invita a ser discípulos y misioneros de su Palabra hecha carne y sirvámonos de estos sacramentos de su amor (la Palabra, la Eucaristía, el Hermano,…) para no desfallecer en el camino de la vida.

Lic. Gerardo García Helder


ggh.amico@gmail.com.ar



 

 
 

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