Hablar con Dios en tiempos de crisis

La crisis nos pone frente al gran desafío de conservar el diálogo con Dios cuando todo se complica.

 
Hablar con Dios en tiempos de crisis

¿Nunca te pasó sentir que tus actividades diarias son un obstáculo para poder rezar? Quizás te levantás temprano a la mañana y, antes de comenzar tu día, te encomendás a Dios. Después de eso, el vértigo de la rutina, el ir y venir de acá para allá, te va llevando sin dejar que te detengas ni un solo instante. A la larga, esta forma de vivir te puede llevar a pensar que solamente podés encontrarte con Dios en la oración cuando estás tranquilo y en paz. Es cierto que uno puede disponer mejor el corazón para rezar cuando está así, pero la realidad es que pocas veces llegamos a alcanzar estas dos condiciones. Generalmente vivimos acelerados.


Además, si esperamos a que todo esté tranquilo para poder rezar, nos encontramos con una pregunta fundamental: ¿si solamente puedo rezar cuando estoy tranquilo, cómo puedo vivir mi espiritualidad cuando me enfrento a una crisis? Todos lo hemos experimentado alguna vez. Frente a una crisis se nos abren infinidad de caminos. Desde enojarnos con Dios y creer que Él es el causante de nuestros males hasta pedirle que nos saque de esa situación. En fin, la lista de reacciones es tan grande como personas hay en el mundo. Por un lado, la crisis puede hacer que perdamos el entusiasmo, y por el otro, que nos llenemos de ansiedad. La paz y la tranquilidad ya no parecen tan cercanas a nosotros. Y mientras tanto, la vida sigue...


La crisis nos pone frente al gran desafío de conservar el diálogo con Dios cuando todo se complica. Y es que los problemas nos encierran en nosotros mismos: “yo soy el que va a poder salir de esta solo”.


Por eso, sería un grave error entender que la única solución para superar la crisis es aumentar los espacios de privacidad, como si la actividad en sí misma fuera el causante de nuestros males. Tampoco sería bueno caer en un activismo desenfrenado, ese que se utiliza para escapar de los problemas más profundos. Una actividad  mal vivida termina siendo tan dañina como la no actividad, no sólo para quien la practica, sino también para los demás. Los extremos nunca son buenos.


Queda claro que para poder salir de la crisis, necesitamos de Dios. Y para encontrarnos con Él no basta con encontrar espacios más íntimos o tiempos más prolongados de oración. Eso es bueno, pero no es suficiente. Hace falta que revisemos nuestra forma de orar, el modo de vivir cada actividad y la manera de afrontar los problemas.


¿De dónde nos alimentamos para poder vivir esto? “Dios hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo” (Ex 33, 11). Ya lo sabemos: la crisis nos puede paralizar. Y está bien que así suceda, al principio. Pero después de eso, debe despertar en nosotros ese deseo de querer avanzar. Para avanzar, la confianza en Dios es fundamental. Esa confianza es la que nos cuenta el libro del Éxodo: hablar con Dios como con un amigo. Es poner los medios humanos y saber que Dios siempre sostiene, porque quiere lo mejor para nosotros.


Que nuestro propósito en ese tiempo de cuaresma, sea pedirle a Dios que nos regale una manera especial de vivir la relación con Él. Tratemos de recorrer este camino en un diálogo de amistad. Si vivimos en esta clave de contarle siempre a Dios lo que nos pasa, nos vamos a dar cuenta de que nuestra oración se va a volver más elástica y con mucha capacidad de adaptación. Que esa oración te lleve a encontrarte con Dios en toda situación. No solo en lo que parece malo a primera vista, sino también en el tiempo de paz y tranquilidad.


(Fuente: Yo Creo / Autor: Matias Burgui / @matias89_mb)


 
 
  • bibiana
    Hermosa reflexión y muy acotada a mi situación. Me suscita en mi oración a pedirte Señor que conviertas mi corazón en esta Cuaresma, hazme ver con Tus ojos, hazme sentir y amar con misericordia y caridad como Tú lo haces. ..."Pasión de Cristo, confórtame " y aumenta mi fe.

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