Historia de una amistad

Una vieja historia cuenta que un monje talló una cruz en los colmillos de una morsa.

 
Historia de una amistad

En el siglo XII, sin que se sepa exactamente la fecha, en una abadía de Inglaterra a la orilla del mar, un monje que solía pasear por la playa acantilada, fría y casi siempre brumosa, entabló una extraña relación de amistad con una criatura que para el "monstruario" medieval, bien podía estar más próxima del mal que del bien: una morsa macho adulto de largos colmillos, apenas conocida en aquellos tiempos en esos lugares.

La primera vez que la avistó -dice algún relato- no lo asustó pues él era inglés de nacimiento, hijo de pescadores de las tierras altas próximas a Escocia y conocía ese tipo de criatura nada peligrosa si no se le acosa o molesta. La morsa estaba desterrada de su manada y marcada por cicatrices e incluso algunas heridas recientes que se estaba curando sola. La primera vez que lo vio venir ni se inmutó y el religioso la pudo contemplar de cerca. Le impresionó los dos largos colmillos fuertes, sanos y brillantes en perfecto estado. Se trataba de dos piezas bellísimas que cualquier cazador furtivo de las costas acantiladas no vacilaría en intentar arrancar al pobre animal, matándolo previamente.


El buen monje, al principio, realmente no se interesó nada en ellas sino en apreciar un poco más de cerca toda la estética del cuajado animal marino que frecuentemente era cazado para extraerle el marfil de sus colmillos, su grasa, su piel, su carne y sus huesos. Era de esos animales que los hombres del norte de Europa aprovechaban en su totalidad. Hasta de sus largos y rígidos bigotes blancos se hacían agujas para ensartar y remendar.

El monje fue acostumbrando al animal a su presencia inofensiva y al tiempo comenzó a llevarle pescados crudos que sobraban en la cocina del monasterio. El animal ya no desconfiaba del pacífico paseante de las playas acantiladas, frías y brumosas. Se hicieron amigos.

Y el joven fraile de desconocido nombre ¿lustraría algunas veces con la orla de la manga de su raído hábito los bellos colmillos del animal que ya ni se inmutaba? Un buen día, tal vez este, se volteó panza arriba y dejó que el monje viera más de cerca el valor de aquellas dos piezas. Eran una maravilla de la creación, ciertamente Dios se había complacido haciéndolas. Entonces le vino una idea nada común: tallaría algo en ellos.

Así que al próximo encuentro el monje le apareció con un delicado estilete y una pequeña piedra de afilar. El resto de la historia fue un largo período de tiempo que no está registrado en ninguna parte y no sabemos cuánto duró porque algunos documentos de monasterios se extraviaron con los años...


LA CRUZ DE LOS CLAUSTROS EN EL MET (Museo Metropolitano de Nueva York)

Se trata de una cruz de altar para la misa hecha en marfil de morsa de casi 58 cms. de alto por 37 de envergadura, datada simplemente como del siglo XII en la que aparece un resumen del antiguo y nuevo testamento en varias figuras primorosamente talladas, más con aplicación artística angélica que humana.


Sorprende incluso que haya minúsculas leyendas en pergaminos desplegados, diminutas figuras de profetas con expresión de alegría en el rostro, de indignación e incluso de pavor, los que hay que ver con lupa. Todo está entrelazado de manera minuciosa en torno al "árbol de la vida", donde aparece Cristo crucificado recibiendo un lancetazo por parte de una mujer de ojos vendados (que puede ser la antigua Sinagoga).


Probablemente, hoy día, ni con Laser se conseguiría hacer una obra como esta. Una pieza única del arte medieval expuesta en uno de los mayores museos del mundo.


Pieza única porque fue el trabajo artesanal de toda una vida en estado de gracia, cargada de leyenda y realismo histórico.


                                                                *           *           *

¿Murió viejo el macho morsa y le retiraron los colmillos? ¿Se los quitaron antes? ¿Fue un tiempo mascota del monasterio como el lobo de Gubbio? ¿Se fue un día mar adentro en busca de su manada y se llevó ese tesoro? ¿Cómo fue rescatado entonces posteriormente? Qué lindos interrogantes cargados de luz áurea y legendaria -auténticamente medieval- lo que hace simplemente invaluable esa misteriosa cruz, única sobre la faz de la tierra.


Por Antonio Borda


Fuente Gaudium Press (adaptación)

 
 
  • FLAVIA
    interesante la historia me gusto...:)

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