Solidaridad, caridad y fraternidad

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodriguez Ascurra.

 
Solidaridad, caridad y fraternidad

La parábola de los viñadores homicidas (Mt 21, 33-46) que Jesús dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo deja entrever a un Jesús entristecido, que ve que su predicación no prende en sus contemporáneos, pues la actitud de los judíos no cambia, siguen caminando en la penumbra de su propia vida, alejados de Dios y ensordecidos ante el mensaje del Reino que él predica insistentemente.


En ella recorre toda la historia del pueblo de Israel, pues tal como escribe Isaías: “la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta” (5,7), puede hablarles del mensaje de los profetas ya que está frente a la clase religiosa dirigente. La parábola es rica en imágenes alegóricas, en tanto el mismo pueblo (judíos infieles) que desoyó la voz de los profetas (siervos), incluso llegando a matar al último de ellos: Juan el bautista, que desconoció la autoridad del hijo (Jesucristo), enviado del dueño de la viña (Padre), queriendo apoderarse de los frutos producidos en ella, será despojado de todo, todo lo será quitado.


Será en cambio un pueblo nuevo (gentiles y judíos creyentes: la comunidad cristiana) el que recibirá en herencia la viña, el Reino de Dios; aquel abierto a la escucha de la Palabra y dispuesto a ponerse en movimiento de acuerdo a los valores que de ella proceden. Así sucede también entre nosotros, cuántas veces anteponemos proyectos personales, legislamos en nombre de Dios, privatizamos lo que no nos pertenece haciendo de ello nuestra propiedad en la que podemos disponer de todo aun en desmedro de los demás.


El Reino de Dios se traduce en solidaridad, caridad y fraternidad, todos valores que tienen a Dios como justo juez y Señor, sin él a la cabeza cualquier iniciativa se torna egoísta, moralmente subjetiva y relativista. Solo quien pone en Dios su confianza y lo reconoce como el dueño de la creación y a ella como fruto divino hace un buen uso de los bienes y se parte y reparte entre los demás, no monopoliza lo que pertenece a todos sino que se abre a la dinámica del Reino en el  que todos estamos invitados a formar parte.


Autor: Emilio Rodriguez Ascurra. 

 
 

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