¿Por qué existe el mal? (II)

Respuesta del padre Rafael Velasco, en diálogo con el rabino Marcelo Polakoff.

 
¿Por qué existe el mal? (II)

Días atrás ofrecimos el comentario del rabino Polakoff a esta difícil pregunta; hoy compartimos la respuesta del padre Velasco, tomada del libro "En el nombre del padre y del rabino" de editorial Sudamericana.


La pregunta


Surge una y otra vez cuando nos encontramos frente a frente con las consecuencias del mal: asesinatos, injusticias, robos, desaparecidos, tortura, hambre... y podríamos seguir.


¿Por qué existe el mal? ¿De dónde viene el mal?


Los creyentes, y aún los no muy creyentes, siempre miramos de reojo a Dios. Alguna responsabilidad debe tener quien se supone creador de todo. ¿Cómo puede ser que haya creado todo bueno y sin embargo el mal se enseñoree por el mundo de tal modo que pareciera incluso más poderoso que el bien?


¿Creó Dios el mal? Los cristianos afirmamos que no. Que el mal no es creación de Dios ¿Y entonces? 


Volviendo a los mitos


Los judeocristianos tenemos una fuente común que puede echar un poco de luz, aunque no termina de revelar las razones que el misterio del mal encierra. Se trata del relato mítico de lo que conocemos impropiamente como "pecado original" y deberíamos llamar más bien "pecado de los orígenes", o el arquetipo del pecado.


Hay que volver, como en páginas previas, al libro del Génesis, que en su capítulo tercero dice que dios creó todo y vio que todo era muy bueno y lo dejó al cuidado de los seres humanos. Pero que en el desarrollo de la vida cotidiana, la serpiente tentó a la mujer con un engaño: "¿ Es verdad que Dios les prohibió comer de todos los frutos del jardín?". Una mentira, ya que la prohibición es respecto de un sólo arbol. Pero esta pregunta sirve para entrar en conversación. Y de a poco se siembra la sospecha. El mensaje es: Dios no es tan bueno como ustedes creen porque no los deja comer nada.


A la respuesta de Eva (la veda sólo alcanza al árbol del conocimiento del bien y del mal), sigue otro paso en la escalada: Dios lo hace de envidia, sugiere la serpiente; no quiere que ustedes sepan lo que es bueno y lo que es malo, porque van a ser semejantes a Él. Aquí viene lo "apetitoso": poder ser como Dios, es decir, decidir lo que es bueno o malo de acuerdo a los propios criterios (y el criterio es lo apetecible). ¿Qué tiene de malo eso?, podríamos preguntarnos. Una primera respuesta es que decidir qué es lo bueno y qué es lo malo, según el texto, significa ponerse por encima de ser humano, pretender ocupar un lugar que no corresponde, no estar conformes con lo que estamos llamados a ser: seres humanos. Implica asumir el rol de Dios.


Eva come y da de comer a Adán. El resto de la historia es conocida, empezando por la vergüenza experimentada al darse cuenta que estaban desnudos. Unos versículos antes el texto había señalado lo contrario: que estaban desnudos y no sentían vergüenza. Aquí, con fina psicología, el autor señala que el primer efecto de la lucidez es la vergüenza. La mirada se ha empañado. Ya no se ve con buenos ojos el ser humano, comienza la devaluación. Se hace necesario taparse, y luego ocultarse (incluso de Dios), porque al pretender ser como dioses, sin serlo, ya lo humano se mira con vergüenza.


Pero hay algo más: en la acción de Adán y Eva anida una definición acerca de la identidad de Dios y del ser humano. Veamos: la atención al analizar este texto siempre se pone en la acción aislada de ambos. Se supone que hay que diluciar qué tiene de malo lo que han hecho, cuando la pregunta es otra. A Adán y Eva les ha sido dirigida la palabra de Dios. Como interlocutores de Dios, la cuestión es guardar su palabra o no guardarla. Ellos -Adán y Eva- han de decidir sobre la identidad de Dios y sobre la suya propia. Como ya quedó formulado, Dios es justo o es tramposo, el ser humano se hace responsable de la justicia de Dios más allá de toda explicación (y comprende así la profundidad de su identidad personal: es un ser capaz de reconocer a Dios más allá de que lo entienda o no) o ya no hay Dios y su palabra no significa nada. Y entonces, siguiendo el texto, si ya no hay Dios parece que tampoco hay ser humano, dado que inmediatamente no se reconocen el uno al otro (sienten vergüenza de su desnudez), y la tierra, a su vez, les opondrá resistencia ("maldito sea el suelo por tu culpa... él te producirá cardos y espinas").


Lo inexplicable


Seguramente a esta altura el lector debe estar pensando: este hombre quiere explicarme la existencia del mal con un cuento de hace más de tres mil años. 


No, no quiero explicar nada. Es más: no puedo explicarle nada al lector, porque la presencia del mal es un misterio, una presencia oscura. Lo que intento es decirle que la explicación de la Biblia no es tan inofensiva o inocente comoparece y nos da algunas claves para comprender cómo ingresa el mal en nuestras vidas... (continuará)

 
 

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