¿Por qué existe el mal? (III)

Última parte de la respuesta que nos ofrece el padre Rafael Velasco.

 
¿Por qué existe el mal? (III)

El que introduce el mal


El texto dice que por la tarde, cuando Dios se paseaba por el jardín del Edén, Adán y Eva se ocultaron. Ante la pregunta de Dios, Adán responde: "Oí tus pasos en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escondí". El texto también dice que cuando Dios les pide cuentas, Adán acusa a Eva: "La mujer que me diste como compañera, me dio y yo comí". Y luego la mujer le busca otro culpable: "La serpiente me sedujo y comí". Como se ve, el no hacerse cargo -oficio en el que muchos de nuestros políticos y gobernantes son maestros- es también fruto de ese querer ser como dioses.


El texto en el fondo no explica el porqué de la existencia del mal, pero sí revela cómo actúa la entrada del mal en el corazón humano.  Y en el fondo -siguiendo la lógica del relato- el mundo está como está porque hombres y mujeres le damos entrada al mal en nuestras relaciones. Sospechamos de un amor incondicional como el de Dios, queremos ser más de lo que somos (decidir teniendo como criterio lo apetitoso - lo que nos gusta- qué es bueno y qué es malo), ahí vienen la vergüenza, el miedo, el no hacerse cargo...


Esa secuencia sí nos es familiar, y tiene que ver con el mal existencial, no con el mal metafísico u ontológico.


El que introduce el mal


La existencia de un ser que es creador del mal (el demonio, por ejemplo) es un tema que algunos coligen de este texto. Pero si se mira bien, el texto no dice en ningún momento que esa serpiente sea el demonio. Fue escrito en el siglo X o IX a.C., y la imagen de la serpiente representaba divinidades de la fertilidad y la sabiduría de los pueblos vecinos a Israel, a las que algunos -entre ellos el rey Salomón- le rendían culto. El texto sindica a ese culto la responsabilidad de la confusión y la introducción del mal. La idolatría es en el fondo la caussa primera del mal. Creerle a alguien que no es Dios, pero que se presenta en su lugar. La idolatría es la raíz del pecado.


Nuevas idolatrías


Un ídolo -religiosamente hablando- es algo que ocupa el lugar de Dios. Hoy las imágenes -los ídolos- son distintas, pero los sustitutos de Dios suelen ser quienes siembran la sospecha respecto de su amor, los que lo incitan a que "seamos  más" (hay que competir, ser más que el vecino, que el pariente, que los que tienen más que uno...). Los que animan a un cambio de reglas: "¿Por qué atenerse a un código de ética dado? Hay que ser como dioses y definir el propio código de acuerdo a lo que te da la gana". O: "Ningún Dios, ninguna religión nos va a decir qué hacer". El resultado es que cada uno hace lo que le apetece, lo que le da la gana, y el otro es una amenaza. Hoy como ayer, entonces, hay que esconderse de las miradas ajenas, porque la avidez y la vergüenza han venido para quedarse y ya no nos miramos con comprensión, sino juzgándonos malamente.


Desandar el camino


¿Qué hacer ante el mal? Ésa es la gran pregunta. Desterralo es imposible. Habrá que comenzar a recorrer, eso sí, el camino contrario: si no se cree explícitamente en un Dios compasivo y cercano, al menos ayudará no ocupar su lugar con nada ni nadie, y así evitar la idolatría. También tendremos que reconocernos seres humanos y actuar con humanidad, valorarnos con una mirada positiva, unos a otros, no huir, hacernos cargo de lo que nos toca... Probablemente el mundo -nuestro mundo- ande así un poco mejor, y vuelva a relucir aquello que Dios ha visto siempre en nosotros: que todo era muy bueno.


 

 
 
  • rblandon
    La biblia nos dice que no es lo que entra al hombre lo que lo contamina sino lo que sale de el hombre. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en él, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en él. El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. http://www.diostube.com/videos/3850/La-Existencia-de-Mal-4-de-8-cuarto-milenio

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