¿Qué buscas?

Presentamos el comentario de Emilio Rodríguez Ascurra para este domingo II durante el año.

 
¿Qué buscas?

Con esta pregunta Jesús interpela a sus discípulos al verlos inquietos luego de su predicación. Emerge como un verdadero inicio en el itinerario del seguimiento de Cristo y de crecimiento en la vida espiritual. Junto a la primera lectura, que relata la vocación de Samuel, comprobamos que el llamado de Dios es siempre iniciativa de Él, nunca proyecto nuestro. Sin embargo, requiere de nuestra capacidad de recogimiento interior que nos permite escucharlo y responderle con fidelidad, con la integridad de nuestra vida y no con aspectos parciales de ella, como dice Pablo en la segunda lectura. No podemos responder a Jesús con las palabras y disociarlas de nuestras acciones, pues no sería una verdadera entrega a su voluntad en la que se esconde la propia felicidad.


Es necesario que siempre estemos en sentido de búsqueda, que nos encontremos en camino al igual que Samuel o los primeros discípulos, lo contrario de ello sería nuestra comodidad que nos aburre, nos adormece y nos aleja del centro de nuestra vida: Jesús. Estar en sentido de búsqueda quiere decir permanecer siempre despiertos para reconocer a Dios en las circunstancias concretas de la vida, en las buenas y en las adversidades; en cada una de ellas Él quiere revelársenos y conducirnos por el camino que ha trazado para cada uno desde toda la eternidad.


Luego de haber celebrado el domingo pasado el Bautismo del Señor, y de haber recordado la propia gracia bautismal, estamos invitados a releer nuestra vida en clave de apertura y cambio, de llamado y respuesta, de crecimiento; respondiendo al igual que Samuel, aun cuando nos sintamos cansados o desalentados, Dios se vale de cualquier situación para acercarnos a Él. Para ello envió a su Hijo primogénito, porque quería dialogar con nosotros: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”, o como María, modelo de fe: “He aquí la servidora del Señor”.


Siendo sinceros en nuestra búsqueda cotidiana, interrogándonos acerca de aquello que buscamos: nuestra verdadera felicidad o bienes pasajeros, el diálogo sincero con el Padre o satisfacer nuestros deseos de autorrealización egoístas, entre otros. Al igual que a los discípulos, Jesús nos pregunta: ¿Qué buscas?, sale a nuestro encuentro porque sabe de nuestras carencias, de que algo nos falta para estar plenos, para vivir como hijos e hijas de la luz que irradian su don a su entorno y lo transforman. Ellos son "ladrillos" que construyen el Reino.


Emilio Rodríguez Ascurra - contactoconemilio@gmail.com

 
 

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