¿Qué pasa si no me gusta rezar?

Un lector le hace al sacerdote una de las preguntas más frecuentes en nuestra propia vida o en la de algún familiar o amigo.

 
¿Qué pasa si no me gusta rezar?

Pregunta: Estimado Padre,  ¿qué le diría usted a alguien que no le "gusta" rezar? No estoy diciendo que debe ser algo placentero, entretenido, etc., pero yo jamás siento ningún deseo de rezar y cuando lo hago es algo incómodo, insípido y motivado sólo por algún sentido de obligación. Supongo que será una obligación legítima... pero sólo siento que estoy hablando conmigo mismo. Nunca he tenido ninguna clase de experiencia espiritual ni al orar ni en ningún otro momento. Además, todo lo que he leído parece decir que las formas de oración de petición son más bien indebidas, que no debe pedirse nada. Entonces, me siento confundido.


Estoy intrigado (y la verdad gratamente sorprendido) por la sugerencia de rezar al menos 5 minutos diariamente que hace en un artículo anterior, porque yo hubiera pensado que cualquier persona que lee este blog ya estaría rezando diariamente y probablemente mucho más de 5 minutos. Creo que sobrestimé.


 


Respuesta: Cuando leí tu pregunta por primera vez, pensé en las muchas personas que conozco y que de manera particular no les «gusta» rezar durante varias veces al día o durante algunos períodos de su vida, porque sus mentes están ocupadas en otros asuntos o porque tienen preocupaciones y dificultades prácticas o simplemente porque están cansados y no se sienten con ganas de rezar.


Sin embargo, tu pregunta es más profunda porque habla sobre no tener el gusto de rezar «en lo más mínimo».


Por las limitaciones de la correspondencia electrónica y al no tener la posibilidad de una reunión en persona para preguntas posteriores, mi mejor intento de una respuesta para tu dilema (el cual por cierto no es raro) sería la necesidad de ahondar en un conocimiento más profundo de Dios.


El antiguo adagio «No se puede amar lo que no se conoce» está en el centro del problema. Si Dios es alguien muy extraño para mí o si yo sé muy poco de Él, o si - hablando hipotéticamente - Dios simplemente no tiene influencia en mi vida, entonces la oración se va a dificultar y va a parecer como que «estoy hablando conmigo mismo».


Yo recomiendo llegar a conocer más a Dios, y especialmente la persona de Jesucristo. Sólo el llegar a conocerlo –la revelación del Padre- llevará, con toda seguridad, tu corazón a amarlo. No creo que sea necesario comenzar con teología profunda –sólo tienes que tomar un libro sobre la vida de Cristo y ver quién es Él, cómo trató a las personas, el amor que tuvo para todos, hombres y mujeres.


El Evangelio es impresionante. Es EL libro ideal con el que se inicia, pero también hay otros que narran la vida de Cristo de una manera sencilla y completa y sirven para enriquecer nuestra comprensión. Yo recomiendo "Conocer a Jesucristo" de Frank Sheed, pero hay muchos, muchos más.


Por la manera como planteas tu pregunta, me parece que nuestro Señor está buscándote. Tú no eres católico, estás pensando sobre cosas espirituales, estás deseando saber más sobre la oración. Estas cosas no suceden de la nada, así que pienso que te encuentras en una situación muy favorable y que definitivamente Dios bendecirá todos tus buenos deseos.


Sólo una palabra más sobre la oración de petición. Ésta no sólo es una forma muy válida de oración, sino que en muchos pasajes del Evangelio, el Señor mismo nos exhorta a pedir... y pedir muchas veces, sin darnos por vencidos. «Pide y recibirás» es sólo un ejemplo. Mi favorito es la oración del Señor, el Padre nuestro, que está llena de peticiones –algunas para Dios mismo (santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad) y algunas para nosotros (danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal). Dios es el Padre bueno por excelencia y le gusta escuchar que sus hijos le pidan. Sólo experimentarás su gozo si le pides por tus necesidades.


(Fuente: Blog de La Oración)


 
 
  • Marcelo Vernhes
    Mi experiencia personal me confirma lo acertado de la respuesta. Cuando más se conoce a Dios, a Nuestro Señor, la Santísima Virgen y a tantos Santos, la oración surge de por si sola. Hablando de los Santos, por lógica nos sentimos atraídos más fuertemente por alguno de ellos. En mi caso puedo testimoniarlo ya que 'me enamoré' -se puede decir con toda exactitud- de Santa Hidegarda de Bingen, al escuchar su música. Hoy estoy leiendo su magnífica obra: El libro de los Merecimientos de la Vida. Otro camino de gran ayuda es tener cerca la imagen de un Santo o Santa, de la Virgen o de Nuestro Señor. Cada vez que uno pasa cerca de estos "íconos" nos llaman a la oración. Así el medio ambiente que creamos en nuestro hogar o lugar de trabajo, en cualquier momento, nos impulsa a hablar con Dios.
  • Tessie Risse
    Soy una señora mayor, me siento cercana a Jesús, a nuestra Iglesia, a nuestra fe, pero no soy una "rezadora" de oraciones, solo el "Padre nuestro" en Misa, y recurro mucho a la Santísima Virgen María en los momentos difíciles o de angustia. Sin embargo me gusta mucho leer y meditar el Evangelio de cada día y las lecturas, aunque a veces me cuestan entender las del A T. pero siempre algo queda en mi corazón, esa es mi forma de rezar. Puedo acompañar un Rosario, pero por lo general me "pierdo" y no logro concentrarme bien, prefiero mas bien un dialogo personal con Jesús aun en mis tareas diarias, yo se que Jesús aprecia esta forma de estar con Él en un diálogo que sólo yo escucho. Si disfruto la cercanía de Jesús en la mesa del altar junto a mis hermanos. Esto es todo.

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