"Si renunciamos a lo religioso, amputamos al hombre"

Diálogo de un sacerdote católico y un rabino sobre la "Nueva Ilustración". El intento por construir un humanismo sin Dios.

 
"Si renunciamos a lo religioso, amputamos al hombre"

Un encuentro-coloquio sobre el laicismo o la "nueva Ilustración" realizado en el aula magna del Instituto Newman de Madrid en 2007, fue la ocasión para el intercambio de ideas entre un sacerdote católico y una rabino.

La primera ilustración surgió como un “alto, hay que cambiar las cosas” contra la decadencia del cristianismo, explicó entonces Florencio Sánchez, sacerdote de la Legión de  Cristo. Fueron los excesos de la vieja ilustración los que la hicieron derivar en el ateismo y en una soberbia que la volvió contra Dios.

A diferencia de aquélla, “la Nueva Ilustración es más bien amenazante y contraria a Dios”, y su esencia es la renuncia a la razón, añadió.

Por su parte, el Rabino Baruj Garzón hizo un diagnóstico similar. La Palabra -“el arca de Noé que puede salvar a la humanidad”- está siendo pisoteada, haciéndole decir cosas que no dice. “Una razón basada sólo en los sentidos y no en la revelación es un fracaso. Es una razón limitada. Y la prueba es que la religiosidad ha vuelto a Europa de forma volcánica. Lo vemos en el joven que viaja a Katmandú en busca de algo que aquí se le ha negado. La razón no lo explica ni lo alcanza todo”.

RENUNCIAR AL INFINITO ES AMPUTAR LA HOMBRE

Ambos coincidieron también en las consecuencias de expulsar la dimensión religiosa y trascendental del hombre: La Nueva Ilustración, según el P. Florencio Sánchez, “proclama como sólo racionalmente válido lo que se puede calcular, la libertad como único valor, la exclusión en la ética de cualquier principio moral válido y vinculante por sí mismo, la exclusión de Dios de la vida pública, convirtiéndolo en extraño y superfluo en el espacio público. Y esto provoca un reduccionismo del hombre. No se puede excluir a Dios y que esto no tenga consecuencias en el hombre”, que queda amputado.

Baruj expuso en qué se ha convertido al hombre cuando se ha negado su dimensión religiosa y la dimensión pública de la misma: “No estamos de acuerdo en que para acceder a derechos políticos se tenga que renunciar a la dimensión religiosa, a lo absoluto, a lo infinito. De ser así, seremos reducidos a objetos, como nos pensaba Marcuse, o un sexo con patas, como nos veía Freud, o un estómago con patas, lo que éramos para Marx”.

¿QUÉ HACER?


“Grande es el estudio si conduce a la acción”, dijo Baruj. “El reto es reanudar el diálogo para construir una nueva realidad sobre una razón razonable, pura, que ponga atención a la religiosidad que le hace al hombre aspirar a lo infinito”.

El P. Florencio propuso, como forma de actuar, dos modelos de la mano de Kierkegaard y Martin Bubber: gritar “¡fuego!” o preguntarse “quizá sea verdad”.

“Podemos hacer como el payaso del que nos habla Kierkegaard. El circo se quema, y se envía al payaso, que estaba preparado para actuar, a pedir ayuda al pueblo. Llegó gritando: “¡Fuego!”. Todos se reían, y nadie le hacía caso. Hasta que las llamas llegaron también al pueblo. Podemos gritar: ¡Fuego! Pero la palabra ha perdido su valor. ¿Bastará para que nos hagan caso con quitarnos las ‘apariencias de la fe’? ¿O quizá el mundo está vacunado contra el mensaje?. La respuesta no es gritar: ¡Fuego!”.

Frente al payaso, otra respuesta es la del sabio y humilde Sadik, del que nos cuenta Martin Bubber. “Sumido en sus reflexiones, recibe la visita de un hombre a discutir la Torah. Y el sabio y humilde Sadik le contesta: “Amigo mío, los grandes de la Torah se han prodigado en palabras. Tú te has echado a reír, pero piensa: quizá sea verdad”.

“Nadie, ni el creyente, puede servir a Dios en bandeja. Pensar “quizás sea verdad” es una tentación de la que nadie puede sustraerse. El Sadik puede hacer esa pregunta porque no tiene miedo a la razón. Preguntémosle a la Nueva Ilustración. Hagámosle las preguntas sobre el sentido de la vida”, propuso el P. Florencio.

Fuente Forum Libertas.com

 
 

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