Caridad cristiana y activismo

Reflexión de Emilio Rodríguez Ascurra para este domingo XVII durante el año.

 
Caridad cristiana y activismo

 Amar al prójimo es imposible si antes no hemos experimentado el amor de Dios por cada uno de nosotros. Esto es posible gracias a la kénosis, o abajamiento, aquel amor que el Padre nos ha demostrado en su Hijo en su entrega total en la Cruz. El amor a los demás como a sí mismo, síntesis vital de la ley del amor, mandamiento al que Cristo ha llevado a su mas alta realización, requiere de un compromiso que va mucho mas allá de los gestos de solidaridad hacia quienes mas necesitan de nuestra ayuda. Implica mirar a esas personas no como a extraños, menos como mero campo de acción o espacio de santificación personal sin más, pues sería esta una visión egocéntrica, sino mirarlos con ojos de misericordia, hasta poder hacer nuestra la pregunta de Jesús: “¿Qué les daremos de comer?”, cómo saciaremos las necesidades de estos hermanos nuestros.


Como comunidad peregrina en un mundo que no siempre mira a los necesitados con ojos de bondad, estamos llamados a leer entrelíneas aquellos proyectos, “espejitos de colores”, que se nos quieren vender, en los que leyes que se proponen como un progreso para la situación del hombre son, en realidad, detractoras de la dignidad humana, en especial, de aquellos mas indefensos: los niños, los ancianos y nuestros hermanos mas pobres. De allí que nuestra cosmovisión no debe estar centrada en la simple atención a las necesidades materiales, pues caeríamos fácil y rápidamente en el activismo, corriendo el riesgo de reducir nuestra fe a una ideología, o algo tan grave: ideologizar nuestra fe, haciendo una comprensión errónea de nuestro ser en la sociedad, la historia nos demuestra que este no es el mejor camino.

Dios actúa ordenadamente con el único fin de saciar el hambre del hombre, el hambre de sentido de su vida, de sus anhelos mas profundos, aquello verdaderamente vital. No se desentiende, y nosotros como Iglesia no debemos hacerlo, de las necesidades temporales, pero sí tenemos la misión de alzar nuestra mirada, pues nuestro objetivo es el Reino de Dios, los bienes eternos, la patria celestial.. No somos activistas sociales en un mundo de falencias, somos hijos de Dios, hermanos de los necesitados, portadores de la verdad que trasciende cualquier ideología, pues se orienta a fines mas elevados. Miramos al hermano con ojos de amor, en su integridad: cuerpo y alma, no lo reducimos a simple objeto material - racional y con ello a la mera solución de circunstancias espacio -temporales.-
 
 

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