Ese Dios tan humano (I)

El misterio de Jesús no deja de desafiarnos. El "escándalo" de un Dios hecho hombre.

 
Ese Dios tan humano (I)

En el evangelio de Juan (Cap. 11, vers. 35) leemos el que es considerado el versículo más corto de la Biblia: Jesús se echó a llorar. Este breve párrafo está incluido en la narración de la muerte y resurrección de Lázaro, uno de los amigos más cercanos de Jesús.


¿Por qué Jesús lloró ante la tumba de su amigo? Él sabía que tan sólo en cuestión de minutos podía resucitarlo y Lázaro volvería a la vida para disfrutar nuevamente de su familia y de su amistad con Jesús.

De hecho, esta respuesta de Jesús no es únicamente sorprendente porque sabía que iba a resucitar a su amigo, sino también porque de modo consciente -digamos premeditado- había tomado la decisión de retrasar su viaje cuando había recibido la notificia de la enfermedad de Lázaro.

La respuesta a la pregunta formulada es muy simple. Lloró porque se sintió -tal y como indica el mismo pasaje- profundamente conmovido. Lloró porque esa es la respuesta normal de cualquier persona ante la pérdida de un ser querido. Lloró porque es humano llorar ante el dolor, y no olvidemos que Jesús era total y absolutamente humano. Y como tal reaccionó.

JESÚS, ESE DIOS TAN HUMANO 

Jesús fue un ser humano tanto como tú y como yo. El evangelio de Juan (Cap. 1, vers. 12) nos enseña que Dios se hizo humano y vivió entre nosotros. Dicho de otro modo, tomó la decisión -en absoluta obeciencia al Padre- de dejar el cielo y mudarse a tu vecindario, ser un habitante del barrio.

Esta verdad siempre ha creado problemas a muchos cristianos. Desde el comienzo del cristianismo, para muchas personas ha sido imposible concebir que Dios se hiciera hombre. Los docetistas, por ejemplo -una de las tempranas herejías de la cristiandad- consideraban que Jesús tenía forma humana, pero que en absoluto era un ser humano como nosotros.

Influenciados por la filosofía griega, la que entendía que todo lo material era malo por definición y sólo lo espiritual era bueno, no podían concebir que Dios -espíritu puro por definición- pudiera limitarse a un cuerpo humano. En su forma griega de ver el mundo, el cuerpo era la prisión opresora del alma.  Por tanto, la idea de un Dios hacho hombre iba más allá de lo que sus mentes podían imaginar y, mucho menos, aceptar. Por tanto, simplemente, negaban la humanidad de Dios.

Jesús fue un ser humano tanto como tú y como yo. Como cualquier otro hombre estuvo sujeto a las limitaciones del tiempo y el espacio. Si estaba en Jericó no podía estar simultáneamente en Jerusalén. De hecho, este fue uno de los reproches que tuvo que escuchar de María cuando llegó ante la tumba de Lázaro: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano".  

Jesús sufrió el cansancio físico, espiritual y emocional tanto y como tú y yo. Una atenta lectura de los evangelios revelará una y otra vez evidencias de la humanidad de Jesús, de cómo vivió cada una de las experiencias vitales de una persona, tanto las buenas como las malas. 

La Palabra de Dios (Hebreos 4) nos dice que Jesús ha experimentado todas nuestras pruebas . Este pasaje no indica que literalmente haya pasado por todas y cada una de las experiencias singulares y únicas de cada persona. El pasaje se refiere a que ha asumido todas las dimensiones de la vida humana, incluidos el dolor y la muerte.

La Biblia nos relata en más de una ocasión que el Señor padeció dolor emocional y espiritual, baste para ello recordar la experiencia de Getsemaní, justo antes de ser apresado. Los pasajes de los evangelios están salpicados de expresiones que nos muestran la intensa vivencia emocional de Jesús ante el dolor, la enfermedad y la miseria humana en general.

El Señor fue un incomprendido por su generación. No sólo por la inteligencia religiosa de su época, sino también por sus propios amigos y familiares. Estos últimos se burlaban de Él e incluso consideraban que estaba fuera de su sano juicio.

Jesús también supo lo que es el ser traicionado por alguien en quien había depositado toda su confianza; el sentirse abandonado por sus seguidores y amigos en el momento de más necesidad y angustia. Incluso Pedro, aquel que había prometido morir con él si fuera necesario, no tuvo empacho en negarlo tres veces para salir en una situación embarazosa. Sentirse solo y abandonado fue algo con lo que tuvo que convivir.

Sufrió, como tantos de nosotros, los prejuicios raciales. Entre los judíos por ser galileo, entre los no judíos -precisamente- por serlo. Los samaritanos le negaron auxilio en momentos de necesidad. Fue juzgado y condenado por sus opiniones religiosas. Fue tachado de bebedor y comedor, de relacionarse con la gente de la peor calaña.

Jesús se sintió usado por la gente, que se movía por sus propios intereses y no por una preocupación auténtica por el Reino de Dios. Lo querían hacer rey, simplemente porque los alimentaba. Tuvo que vivir en carne propia la ingratitud de aquellos que se habían beneficiado de sus signos y milagros.

Nos cuenta pensar en Jesús teniendo la urgencia de hacer sus necesidades, o roncando, o estornudando ¡Mucho menos enfermo! Nos suena casi blasfemo pensar en nuestro Dios de este modo tan vulgar. Sin embargo así fue Jesús, tan humano, tan radical y auténticamente humano como tú y como yo. (Continuará...)

Por Félix Ortiz

Fuente Protestante Digital (Adaptación)
 
 
  • omar
    pero no explicas porque llora, todos sabemos que lloro pero por que, si sabia que lo iba a resucitar, todo estaba premeditado, no me parece que lloro porque sentia la muerte de un amigo, en realidad no se porque lloro,

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