La salud física y espiritual

Presentamos el comentario al Evangelio de Emilio Rodríguez Ascurra para este domingo VII durante el año.

 
La salud física y espiritual

En este último domingo antes de meternos en el tiempo de Cuaresma, que iniciaremos con la celebración del miércoles de cenizas, la Palabra de Dios nos propone una nueva historia de sanación. Por tercer domingo consecutivo Jesús sana a un enfermo, lo libera de su mal.


Recordemos que la enfermedad era vista como fruto del pecado, en este caso claramente aparece la estrecha relación que existe entre la enfermedad física y la espiritual. Al pasarlo por sobre toda la gente, Jesús perdona los pecados del paralítico. Ante este acontecimiento los escribas y fariseos presentes allí se escandalizan, seguramente por su incredulidad, por ello Jesús además lo sana físicamente y le devuelve su capacidad de volver a caminar. La sanación espiritual lleva consigo como consecuencia la sanación física, quienes viven una vida integrada, no disociada en áreas, y se sienten bien consigo mismos, en su relación con Dios y con los demás, experimentan una vida completa.

Aparecen claras tres situaciones: 1) la humildad del paralítico: reconociéndose enfermo, sucio de pecado, desea llegar ante Jesús para ser liberado, no cae en la autosuficiencia propia de nuestros días, según la cual no necesitamos ser perdonados, mucho menos sanados espiritualmente; 2) que la peor enfermedad es el pecado, pues alimenta nuestra soberbia, madre de todos los pecados capitales y repercute negativamente en nuestra vida espiritual para luego -finalmente- dañar nuestro organismo físico; 3) por último, que en Jesús encontramos la posibilidad de ser sanados, para ello es necesaria una actitud de fe y confianza en que Él puede perdonarnos y quitarnos el peso del pecado en nosotros.

Que esta semana podamos reflexionar con las palabras del Santo Padre Benedicto XVI, quien nos dice: “Este relato evangélico muestra que Jesús no sólo tiene el poder de curar el cuerpo enfermo, sino también el de perdonar los pecados; más aún, la curación física es signo de la curación espiritual que produce su perdón. Efectivamente, el pecado es una suerte de parálisis del espíritu, de la que solamente puede liberarnos la fuerza del amor misericordioso de Dios, permitiéndonos levantarnos y reanudar el camino por la senda del bien.”

Emilio Rodríguez Ascurra - contactoconemilio@gmail.com
 
 

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