Miércoles de Ceniza. Itinerario cuaresmal

Iniciamos hoy la cuaresma, un tiempo de penitencia en el que somos invitados a dialogar con Dios, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Miércoles de Ceniza. Itinerario cuaresmal

El miércoles de ceniza, día de ayuno y abstinencia, con el que iniciamos la cuaresma, es decir, los cuarenta días que preceden a la Resurrección del Señor, es un tiempo penitencial en el que somos invitados al diálogo íntimo y personal con Dios, como Jesús en el Monte de los Olivos, en la soledad de nuestro interior, para encontrarnos con el Dios vivo y verdadero que nos habla y, al mismo tiempo, para desde él encontrarnos con nosotros mismos y con nuestras sombras y miserias.


Nos despojamos de todo lo que nos produce distracción, pues es un momento especial en la vida de la Iglesia y en la de todo cristiano, en tanto examinamos nuestras motivaciones reales, nuestra vida de fe, de oración y sacramental, nuestro grado de adhesión a las verdades divinas y la vivencia de la humildad, madre de todas las buenas obras. Así tres prácticas son las que nos pueden ayudar en este itinerario: el ayuno que nos colma de la presencia divina, de alegría espiritual, como dice san Antonio de Padua, “y lava su cara aquel que embellece sus obras con una vida honesta”; la limosna, o ese llamado a “examinar la propia conciencia, que es la casa de Dios; y todo lo que halle de nocivo o superfluo, amputarlo en la humildad de la contrición”; y finalmente la oración, ese momento en el que nos dejamos interpelar por Dios, por su palabra, por Aquel cuya morada es nuestra propia conciencia.


El tiempo de cuaresma no debe quedar reducido a meras prácticas de piedad vacías, sino colmado de la presencia de Dios que tomando el cuerpo de un hombre, haciéndose uno de tantos, se acerca a cada uno y nos reconcilia con él, por esa obra gran obra de amor en la que da su vida por nosotros. El tomar conciencia de nuestras miserias, de nuestras debilidades, no debe pasarnos por alto, sino al contrario llevarnos a la reconciliación honesta, buscando el perdón de Dios, ese que solo él nos ofrece y que sana todas nuestras heridas. Somos invitados a repensar nuestra vida cristiana como activos contemplativos, es decir, como hombres y mujeres que llenos de paz y fortaleza por Cristo que se entrega damos testimonio y salimos al encuentro de nuestros hermanos, especialmente, aquellos que más nos necesitan, los tristes, los agobiados, los enfermos.-


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 


 
 

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