Una misa que ya lleva 10 años

¿De dónde viene la palabra “misa”? No responde un sacerdote sino el rabino Marcelo Polakoff.

 
Una misa que ya lleva 10 años
¿De dónde viene la palabra “misa”?

Pareciera más apropiado consultarlo con un sacerdote o un pastor que con un rabino, pero así estamos acostumbrados en el COMIPAZ. Hay muchas veces más de las que uno cree en que se puede hablar en nombre de los demás.

Y este es uno de los casos.

Porque aunque suene un vocablo altamente vinculado al cristianismo, su origen -al igual que muchos de sus conceptos- remite necesariamente al judaísmo y al hebreo.

Pero vayamos por partes.

Descubramos primero cómo esta raíz que se nos presenta como latina se va repitiendo en palabras similares tales como “emisario”, “misiva”, “admisión”, “misión” y hasta “promesa”.

Es que todas ellas denotan la idea de un “envío”, ya que “mittere” en latín significa precisamente “enviar”. Por ende, así como se manda a un agente o un espía a una “misión”, de alguna manera una “misa” sería una suerte de envío de nuestras mejores intenciones hacia el Eterno, a fin de hacer contacto con lo trascendente.

Claro que así expresado el tema, nos quedaríamos tan sólo en una etapa bastante moderna de la etimología, sin allegarnos un poco más al fondo, hasta el hebreo, raíz de muchas de las raices supuestamente latinas y griegas.

Pues entonces veremos que ese “mittere”, en cuyo pasado perfecto latino hallamos “missus”, proviene de la triple raiz hebrea “m.s.r.” fácilmente revelada en “emisario”, y un poco más oculta en el resto de aquellos vocablos que hemos abordado.

Ahora bien, este “moser” o “transmisor” hebreo implica un poco más que un envío, ya que lo que engloba su significado más completo alude al mensaje que se porta, al contenido que se traspasa, y que indudablemente modificará a aquel que lo envía, a aquel que lo lleva, y a aquel al que le es conducido.

No es por casualidad que el término “masoret” sea el apropiado para designar al cúmulo total de la tradición judía, evidenciando de este modo que la transmisión de esa tradición es lo que la eterniza, y produciendo así en este engarce conceptual una noticia a tener bien en cuenta: que lo que no se transmite no se hace tradición. Algo que no por sabido, pierde su fuerza vocacional, más aún en estos tiempos en que lo tradicional no abunda en rating.

Algunos dirán con un dejo de sorpresa, si es que se han allegado hasta este mismo párrafo: ¿a qué vienen todas estas disquisiciones, rabino?

Les contesto: se trata de nuestro comité, el COMIPAZ, este Comité Interreligioso por la Paz, que el 18 de junio cumple 10 años, y que gracias a muchos de ustedes ya ha pasado a ser una tradición más de Córdoba.

Y me intrigaba su nombre, el del “comité”, un vocablo que evidentemente ya habrán ubicado dentro de los ya más claros vericuetos de los vocablos derivados de “misa”, pero también de “masoret”.

Esa marca inicial, de mezclar tradición y transmisión, y de realzar lo interreligioso, o sea de reforzar aquello que está entre nosotros y nos une, más que lo que gratamente nos divide para constituirnos en lo que somos, se ha visto coronado con la paz.

Son 10 años de encuentro, que justamente pusieron cerca y juntos a aquellos que muchas veces estuvieron en contra.

Son 10 años de tarea voluntaria que han desterrado prejuicios, que han construido lazos, que han profundizado el conocimiento mutuo y que han permitido un diálogo fecundo, del que humildemente podemos estar orgullosos.

Musulmanes, cristianos y judíos trabajamos -muchas veces silenciosamente y sin mucha prensa- para hacer de nuestras diferencias un deleite, y no para aplacarlas. Para entender que si queremos traer un poco de cielo a la tierra, hacen falta más abrazos que disparos, más diálogos que gritos, y más disensos que enfrentamientos.

No es poco mensaje para estos días.

 

 

 

 
 
  • NOMBREcristina
    DESCRIPCION extraordinario, tendria que tener mas difusion

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