... y entonces yo quiero una audiencia con Dios.

Recurrimos a las autoridades para encontrar soluciones.¿Recurrimos a Dios?

 
... y entonces yo quiero una audiencia con Dios.

Todos aquellos que somos del Club Atlético River Plate, estamos viviendo –en términos deportivos- las horas más desconsoladas en más de 100 años de historia.


Mi Facebook, el twitter, los mensajes de texto, las llamadas telefónicas y hasta esos silencios ruidosos que ironizan como alaridos, estuvieron cargados de referencias a las cualidades del club de mis amores y de sus dirigentes (presentes y pasados) y de nuestro actual momento. Debo reconocerles que lo más difícil de manejar en estas instancias es la “vergüenza”. El haber perdido así. El haber descendido sin mostrar mayores dignidades.


Dice un viejo refrán, que “para salir de un pozo, hay que dejar de cavar”, y en eso estaba cuando Daniel Passarella, pidió públicamente una audiencia con la presidenta Cristina Fernández. “Le pido que me reciba –dijo- para ver cómo podemos solucionar el tema. Tenemos que tener una reunión porque ella es la única persona capacitada para solucionarlo”.

En los primeros momentos reconocí que. River, efectivamente, necesita un milagro (además de un nuevo presidente).

Pero eso me llevó enseguida al plano de nuestra vida cotidiana. Dejé de pensar por un momento en el Monumental y me di cuenta de que hay tiempos en nuestras vidas en los que todos necesitamos un milagro. O porque estamos muy caídos, o porque tenemos tanta vergüenza por nuestros pecados que nos duele seguir, o porque estamos tan cansados de nuestro trabajo, o de “remar en el barro”… por lo que sea. Intuimos que sólo Dios puede solucionarlo, pero muchas veces tardamos en invocarlo.

Pedir una audiencia con Dios, el único capaz de arreglar nuestra vida, es mucho más fácil que lo que pide Passarella y muchísimo más decisivo. Cuando hablamos con Dios es porque la audiencia nos ha sido concedida. Es el momento en el que Él tiene oídos sólo para nosotros y para nuestros problemas.

No hay nada que Dios no pueda solucionar en nuestra vida. 

No hay rincón que Dios no conozca de nuestra alma. 

Dios nunca dejará de amarnos por ninguna razón. 

Dios sólo necesita un gesto. Un asentimiento por parte nuestra de que queremos sentarnos frente a frente. De que queremos estar con Él. Necesitamos una audiencia, porque sólo Él puede solucionarlo todo. Es apenas un gesto, a cambio de su ternura infinita, de su abrazo, de su amor y de su Gracia. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3,16).

O.M. © Yo Creo


 

 
 

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