¡Es el Señor!

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
¡Es el Señor!

¡Es el Señor!, los discípulos reconocen al Señor a partir de sus obras, él no se aparece con un cuerpo transfigurado o fácil de reconocer, sino de manera sencilla, sin embargo sus obras son maravillosas, ante una noche de pesca infecunda su acción llena la red de peces, así reconocemos la presencia de Jesús en nuestra vida: nos llena de alegría, de entusiasmo, nos colma hasta saciarnos. Él nos ayuda cuando nuestras fuerzas humanas son caducas, solo teniendo bien abiertos los ojos y el corazón podemos reconocer su presencia.


Luego, come con ellos, prepara un banquete, una evocación de la última cena cuando estaban todos reunidos en torno a él, una evocación para nosotros de la liturgia eucarística, de la misa, pues aunque los peces que allí se asan son obra del Señor los discípulos han cooperado en esta tarea siendo pacientes en la espera y después trayendo las redes. De esta forma en nuestras celebraciones cada vez que ofrecemos al Señor nuestros dones espirituales y materiales, en ese momento al que llamamos ofertorio, el sacerdote reza: “Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan (…), por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos”. Primero bendecimos como comunidad al Señor por lo que nos da, para ofrecérselo como fruto de nuestro esfuerzo para que, finalmente, podamos alimentarnos de él.


El evangelio culmina con la triple pregunta a Pedro de parte de Jesús acerca de su legítimo amor, a lo que el apóstol humildemente responde: “Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo”, así enmienda su triple negación, haber atravesado la Pasión lo ha convertido, sacado de su ensimismamiento, su respuesta ya no está centrada en sí mismo sino en Él: Tú lo sabes todo. Que podamos con un corazón humilde, humillado, poder decirle al Señor cuánto lo amamos, con nuestras miserias, limitaciones, egoísmos, un amor tan grande capaz de vivir como cristianos en medio de un mundo que desea nuestro silencio, como lo vemos en la primera lectura, o que nos seduce con falsos dioses, ante lo que respondemos: ¡Amén!, como los cuatro seres vivientes que nos presenta Juan en el Apocalipsis.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / Twitter: @emilioroz)


 
 

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