¿Es posible cambiar a los demás?

Cuántas veces queremos ayudar y la otra persona no lo permite. La impotencia nos invade. ¿Y entonces?

 
¿Es posible cambiar a los demás?

Vemos a un familiar, a un amigo, a un compañero, que empieza a recorrer un camino peligroso. Escoge malas compañías, dedica más y más tiempo a diversiones dañinas, se aficiona desmedidamente al alcohol, a las drogas, al juego... vive de espaldas a Dios.


Otras veces sus opciones no parecen tan peligrosas, pero no dejan de ser dañinas. Rechaza a quienes le ofrecen ayuda. Responde con dureza incluso a los seres más queridos.

Quisiéramos, en este tipo de situaciones, poder hacer algo, apartar al conocido del mal que poco a poco lo consume. Quisiéramos encontrar la palabra, el consejo, la manera concreta para ayudarle a descubrir los peligros y a cambiar de vida.

Pero a veces nos topamos con muros de hielo. El otro no escucha, no acoge, ni siquiera permite nuestra cercanía. Sentimos, entonces, un dolor profundo, porque le queremos, porque desearíamos ayudarle, porque nos apena un rechazo por parte de quien necesita mucha ayuda.

El misterio de la libertad humana nos enfrenta a estas situaciones, por mucho que queramos a alguien, no podemos obligarlo a cambiar. Debe ser su decisión. Hay casos extremos en los que se interviene, por ejempo con una internación, pero es provisoria, siempre estará la posibilidad de "volver a las suyas" en cuanto mejore. Es el drama de la libertad humana.

Duele, sí, llegar a este tipo de situaciones. Y a pesar de todo, el amigo verdadero (o el familiar, o lo que sea) sabrá mantenerse atento, dispuesto a ayudar apenas surja un atisbo de esperanza.

Bastará con que el otro, en un momento de mayor lucidez, susurre que necesita a su lado una mano dispuesta a levantarle, a sacarle del aprieto más doloroso, a guiarle entre oscuridades densas.

Bastará cualquier mínimo gesto para que, entonces, acudamos a su lado con todo nuestro afecto y con palabras respetuosas, para que esa rendija que nos abre pueda convertirse en el inicio de un cambio que, desde Dios, permita emprender caminos de curación y de esperanza.

P. Fernando Pascual

Fuente Catholic.net (Adaptación)
 
 

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