¿La autoayuda... ayuda realmente?

Ante las propuestas centradas en los esfuerzos personales, una reflexión desde la mirada creyente.

 
¿La autoayuda... ayuda realmente?


¿Quién de nosotros no ha experimentado sus propias limitaciones personales? ¿A quién no la gustaría desarrollar todo su potencial? ¿Un manual de la felicidad no sería algo fabuloso? A todo esto – y a más también – las técnicas de autoayuda prometen respuestas positivas y eficaces, lo que explica su enorme difusión y nos lleva a detenernos un momento para preguntarnos ¿es realmente así?


La autoayuda ha llegado, desde hace un buen tiempo, para quedarse. Por medio de libros, videos, cursos o  sitios web, las diferentes formas de autosuperación, autoeducación o nombre similar, se difunden diariamente. Nada tiene de extraño que esto ocurra cuando vivimos en una sociedad que, por un lado, nos exige ser cada vez mejores y más “rendidores”; y por otro, nos empuja a vivir bajo stress permanente, conduciéndonos a la angustia y la depresión.


En realidad, siempre han existido, a lo largo de la historia, distintas escuelas de pensamiento que desarrollaban técnicas para mejorar las potencialidades de las personas. Antiguamente se destacaban las corrientes filosóficas o religiosas, hoy impera un enfoque más bien psicológico y se valora (tal vez en exceso) el aporte de la “sabiduría oriental”.


Si bien existen muchas corrientes de autoayuda, bastante distintas unas de otras, todas tienen un par de ideas fundamentales que las sustentan.


En primer lugar la convicción de que podemos ser mejores y lograr la felicidad a la que aspiramos si nos decidimos a desarrollar nuestro potencial (hasta ahora, obviamente, mal aprovechado). Es decir, en nosotros está la voluntad y la fuerza para alcanzar lo que nos proponemos.


La segunda es que tenemos en nosotros la llave para destrabar las situaciones que nos oprimen  y así superar nuestras dificultades. Sólo necesitamos aprender a identificar las fuerzas positivas y utilizarlas en nuestro provecho.


Sin duda, la autoayuda tiene una visión optimista de las personas (al menos consideradas individualmente) y de la realidad (entendida como ámbito en el que es posible superarse).


No es posible en unas pocas líneas hacer un análisis exhaustivo de cada corriente de autoayuda (si es que se puede identificar a todas), pero sí hacer algunas consideraciones sobre ellas.


Hay muchos elementos positivos ya que rescatan viejas y nuevas técnicas para el desarrollo de las personas. Son un estímulo para superar situaciones de depresión y mejorar la autoestima. Revelan aspectos de la personalidad que son poco tratados por la educación tradicional o académica. Despiertan la reflexión sobre “los muros interiores” que la gente construye, y sobre los deseos y potencialidades que permanecen ocultos.


Junto a esto, aparece cierta confusión sobre el valor de los principios éticos. Se hace una abstracción de los valores que enriquecen a los individuos y a la sociedad, ya sea porque los da por supuestos o porque se deja al arbitrio de cada uno el decidir qué es lo bueno y qué lo malo. Algunas corrientes, incluso, niegan que haya valores universalmente válidos y desplazan el tema a un simple problema de conciencia personal.


Se percibe también un exceso de confianza en la capacidad humana de superarse por sus SOLAS propias fuerzas. Esto puede ser cierto cuando se trata de pequeños errores a corregir o  metas cercanas a alcanzar, pero en las grandes cuestiones de la existencia no basta con la buena voluntad, hace  falta –según el caso- ayuda profesional.


Esto nos lleva a otra observación desde la perspectiva creyente: la prescindencia de Dios y de la gracia. Si somos hijos amados del Padre, no podemos relegar su presencia a un lugar secundario, a lo sumo pidiéndole “que nos dé una manito” ya que AUTOprogresamos.


El peligro de ciertas corrientes es el olvido de la vocación trascendente del hombre, su enfoque reductivo. Ante esto, como creyentes, no podemos menos que recordar que somos creaturas limitadas, abiertas a la acción de Dios que nos transforma con su gracia. Sabemos que la gracia no es mágica, requiere nuestra respuesta comprometida y perseverante. Confiar en Dios no es desentendernos del problema (esperando que Él arregle todo), es asumirlo desde la vivencia de hijos en comunión de vida con Dios.


En resumidas cuentas, las técnicas de autoayuda pueden ser herramientas válidas para el desarrollo personal siempre que no pretendan volverse “llaves mágicas” de la felicidad, ni nos conduzcan al olvido de Dios y su presencia en nosotros.


M.N. © Yo Creo


 

 
 
  • NOMBREmarcela escalante
    creo que para personas afectadas emocionalmente por distintos problemas, ya sea familiar drogadicto, o alcoholismo, o depresion u otra compulsion, es de muchisima importancia los grupos de autoayuda, que generalmente la base de estos programas son espirituales. DESCRIPCION

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