“Los envía por primera vez”

En la 42º Jornada Mundial de oración por las vocaciones, en 2005, San Juan Pablo II medita sobre el Evangelio de este domingo.

 
 “Los envía por primera vez”

Jesús dice a Pedro: "Duc in altum – Remar mar adentro" (Lc 5, 4). “Pedro y los primeros compañeros se fiaron de las palabras de Cristo, y echaron las redes” (Novo millennio ineunte, 1)... Quien abra el corazón a Cristo no sólo comprende el misterio de la propia existencia, sino también el de la propia vocación, y recoge espléndidos frutos de gracia. Primero, creciendo en santidad por un camino espiritual que, comenzando con el don del Bautismo, prosigue hasta alcanzar la perfecta caridad (cfr ibid, 30). Viviendo el Evangelio "sine glossa", el cristiano se hace cada vez más capaz de amar como Cristo, a tenor de la exhortación: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5, 48).


Se esfuerza en perseverar en la unidad con los hermanos dentro de la comunión de la Iglesia, y se pone al servicio de la nueva evangelización para proclamar y ser testigo de la impresionante realidad del amor salvífico de Dios. Particularmente a vosotros, queridos adolescentes y jóvenes, os repito la invitación de Cristo a "remar mar adentro"... confiad en Él, escuchad sus enseñanzas, mirad su rostro, perseverad en la escucha de su Palabra. Dejad que sea Él quien oriente vuestras búsquedas y aspiraciones, vuestros ideales y los anhelos de vuestro corazón... pienso también en las palabras dirigidas por María, su Madre, a los servidores en Caná de Galilea: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5). Cristo, queridos jóvenes, os pide «remar mar adentro» y la Virgen os anima a no dudar en seguirle. Suba desde cada rincón de la tierra, reforzada con la materna intercesión de la Virgen, la ardiente plegaria al Padre celestial para conseguir "obreros para su mies" (Mt 9, 38):


Jesús, Hijo de Dios,


en quien habita la plenitud de la divinidad,


que llamas a todos los bautizados a "remar mar adentro",


recorriendo el camino de la santidad,


suscita en el corazón de los jóvenes


el anhelo de ser en el mundo de hoy


testigos del poder de tu amor.


 


Llénalos con tu Espíritu de fortaleza y de prudencia


para que lleguen a descubrir su auténtico ser


y su verdadera vocación.


Salvador de los hombres,


enviado por el Padre para revelar el amor misericordioso,


concede a tu Iglesia el regalo


de jóvenes dispuestos a remar mar a dentro,


siendo entre sus hermanos


manifestación de tu presencia que renueva y salva.


 


Virgen Santísima Madre del Redentor,


guía segura en el camino hacia Dios y el prójimo,


que guardaste sus palabras en lo profundo de tu corazón,


protege con tu maternal intercesión


a las familias y a las comunidades cristianas,


para que ayuden a los adolescentes y a los jóvenes


a responder generosamente a la llamada del Señor.


 


Amén.


 


(Fuente: San Juan Pablo II)


 
 

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