¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?

El Señor permite que pasemos por tormentas, y aunque parezca distraído, lejos de nuestra realidad, sólo quiere que lo despertemos.

 
¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?

De pronto tu vida es sacudida por un episodio inesperado. Todo estaba en su lugar, sereno, pero comienza a levantarse viento. Lo que parecía una lluvia de verano, pasajera y refrescante, se transforma en una tormenta fortísima, larga e inesperada.


Tu vida, tu familia, tus hijos, tu trabajo, toda tu realidad es sacudida por una enorme crisis que te lleva a las puertas de la desesperación. Y entonces acudes a Dios y le dices, como en el Evangelio: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?".



Es natural tu miedo, nuestro miedo, frente a situaciones que nos parecen límites y que no podemos manejar. Nos sentimos superados. Aterrados frente a lo desconocido y queremos despertar a Jesús, gritarle con fuerza que nos hundimos en nuestra tristeza, en nuestra desesperación, en nuestra falta de fe.


Estamos enfermos, hemos perdido un trabajo, tenemos miedo por aquel hijo que se ha metido en problemas o en malas compañías, no sabemos cómo sacar a flote nuestro matrimonio. Comenzamos a pensar que lo que nos pasa no tiene solución.



Sin embargo, si ponemos los medios, si hacemos nuestra parte, el Señor hará la suya y en el momento preciso, adecuado para su plan de salvación para ti y para mí, dirá a los vientos y a las tormentas: "¡Silencio! ¡Cállate!", y entonces volveremos a recobrar el aliento y tu vida y mi vida serán aún mejor que antes.



(Fuente: Yo Creo)



 
 
  • VICTOR
    me gusta esta reflexion sobre el evangelio no tiene desperdicio

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