¡No tengo tiempo!

Las urgencias nos abruman, nos ahogan. Es tiempo de repensar en que invertimos nuestro tiempo y cuáles son las prioridades.

 
¡No tengo tiempo!

Ayer por la tarde me fui a cortar el cabello. No fue una decisión sencilla. Para ello tuve que calcular con bastante exactitud el tiempo que tardaría Juan -mi peluquero- en terminar su trabajo. Eso sin poder anticipar algún imponderable como el hecho de que hubiera gente esperando para ser atendida antes que yo. 


Lo cierto es que no puedo posponer para siempre el pasar por la peluquería. Debo sacrificar preciosos minutos, pero no tengo otra salida.


Así que me decidí y fui, estimando que -como máximo- en una hora estaría de vuelta.


Como no podía ser de otra forma, había gente. ¿Qué hago? me pregunté, ¿espero o me voy? El tiempo escasea y no puedo "perderlo" esperando. Me pareció que la demora no sería mucha y me quedé. 


¡Cómo sufrí esos interminables minutos (que no fueron más de veinte) aguardando mi turno! ¡Teniendo tantas cosas por hacer!


Y entonces, como si fuera un regalo del cielo, me serené y recordé aquella vieja frase que dice "Lo urgente le quita tiempo a lo importante". 


Efectivamente, me di cuenta de cuanto corro para cumplir con las obligaciones que no pueden esperar... ¿o sí? Y ese eterno apuro por lo inmediato me sustrae de aquello que realmente merece mi dedicación.


Entonces vienen a mi mente mis amigos, no los que veo habitiulmente sino aquellos a los que -cada tanto- llamo por teléfono o les mando un correo electrónico. Con varios de ellos nos debemos una charla larga, tranquila, donde compartamos mucho más que las últimas novedades.


¿Qué decir de mi familia? llamo a mi madre seguido para saber cómo está pero no la visito como quisiera, aunque sea pasar un ratito a saludarla y darle un beso. Y mis tíos y los primos... hay varios a los que he relegado casi al olvido (si me guío por las vaces que me comunico con ellos).


No me refiero a mandar un mensaje de texto o entrar en facebook, me refiero a tomarse el tiempo necesrio para "comunicarnos" con los demás, con los seres queridos y también con algún desconocido con el que pueda coincidir en un a esquina o en el tren.


Y si lo urgente le quita tiempo a lo importante, Dios es el más importante y el menos urgente. Es decir, no podemos dejar de respirar más que unos instantes, sobrevivimos sin comer unos días, pero podemos pasar años sin acordarnos de Dios, sin volver nuetros corazones a Él. Sin embargo, esa decisión -convertirnos y aceptar a Crsito en nuestra vida- es la más importante que podamos tomar. Podemos posponerla, sí, pero el tiempo -nuestro tiempo- no es infinito, tendrá un punto final y no quisiera, al llegar ese momento precioso, tener que lamentar  el haber descuidado a mis amigos, a mi familia, al prójimo que me necesita y a Dios mismo. ¡Qué valiosas son las horas de nuestra vida! ¡Qué importante es llenarlas de sentido, de gastarlas amando!


                                                                      *                    *                    *


Juan terminó con el cliente que estaba atendiendo y me llamó, yo abandoné mis pensamientos para otra ocasión, porque -la verdad- no tengo tiempo de llevar mis buenas intenciones a la práctica.


¿O será una excusa y lo que realmente falta es ACTITUD?


M.N. © Yo Creo


 

 
 

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