¿Quién dice la gente que soy?

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
¿Quién dice la gente que soy?

La oración de Jesús a solas con sus discípulos ocurre en Cesarea de Filipo, una tierra pagana, en la que podía permanecer tranquilo puesto que allí nadie esperaba a ningún Mesías, ni creían en sus obras y milagros. Era el lugar ideal para poder dialogar íntimamente con aquellos que estaban junto a él, y Jesús no pierde la oportunidad, los interpela con una pregunta: “¿Quién dice la gente que soy?”, cuya respuesta va más allá del simple conocimiento de su nombre, ellos eran quienes lo habían escuchado hablar de sí como el Hijo de Dios, como el Mesías, habían visto los milagros y la gente que se acercaba a él implorando su intervención.


La respuesta de los discípulos, de su núcleo más cercano, es ante todo la propia experiencia que cada uno hace de Jesús, hasta que dan paso a lo que se convierte en la gran confesión de fe del apóstol Pedro, y con él en la de toda la Iglesia: “Tú eres el Mesías de Dios”, el enviado, el esperado, el anunciado por los profetas. Cabe preguntarnos por qué a esta respuesta le sigue la respuesta de Jesús de no decir nada a nadie, por qué tanto misterio alrededor de él, sencillamente porque del Mesías se esperaba una aparición espectacular, una actuación excepcional a los ojos de los hombres, no el dolor, el sufrimiento y la cruz.


Jesús invita a sus discípulos a seguirlo cargando con la propia cruz como él, es decir, no esperando éxitos, triunfos, placeres temporales sino revelándonos aquello que solo puede colmar nuestro corazón: el amor de Dios, éste es capaz de transformar nuestra vida, nos hace descubrir su verdadero sentido: el de darse. ¿Se puede ser feliz sin darse a los demás? El camino del verdadero éxito lejos del hedonismo y de la autosuficiencia que se nos ofrecen hoy, es el de la renuncia a sí mismo para ser uno con Dios, en la que desaparecen todas las diferencias sociales, políticas, culturales, étnicas, como nos dice el apóstol Pablo en la segunda lectura y en el que la cruz se convierte en un camino de encuentro, en una ganancia, éste es el verdadero significado del cristiano.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com)


 


 


 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación