"Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre"

Intentar corregir a otros suele llevarnos a la impaciencia y a la agresión. La necesidad de actuar con caridad para llegar al corazón.

 
"Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre"

Se trata de una frase famosa, atribuida a san Francisco de Sales: “Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”.


La frase expresa una verdad sobre las relaciones humanas: se consigue más con un poco de dulzura que con una dureza despiadada.

Cuando queremos ayudar a alguien a salir de un pecado, a dejar el vicio, a despertar energías interiores de bien, a preocuparse por su familia o por su misma salud, no es suficiente con el reproche o con la continua canción de “te lo he dicho mil veces”. Menos aún con los ataques personales: “Pero, ¿es que eres tonto o qué?” “Es inútil hablar contigo”. Y mil fórmulas parecidas para decirle al otro, en pocas palabras, que no tiene buena voluntad, que es, poco o mucho, “malo”.

Habrá casos, es verdad, en los que algunos de esos reproches sean verdaderos, incluso, tal vez, alguno surta efecto. Pero también es verdad que, normalmente, se consigue bastante poco con un bombardeo continuo de insultos o ironías.

En otros casos, los corazones que dejan de lado su dureza, su pereza o su abandono personal lo hacen cuando sienten a su lado a alguien que los ama, que se esfuerza por comprenderlos, que ofrece una mano de amistad. Con dulzura es posible entrar en lugares secretos, asomarse a una historia triste, descubrir un drama en la infancia o una frustración amorosa o profesional que se arrastra por años y años.

Entonces, poco a poco, el familiar, el amigo sincero, puede atar cabos y dejar mensajes que lleguen al otro envueltos en la dulzura del cariño, lo que hace más digerible la exigencia del cambio.

De este modo, los padres pueden acercarse al hijo adolescente que aflojó en sus estudios y que no quiere que nadie “se meta” en su vida. El maestro encontrará nuevas maneras para ganarse el aprecio (algo más fuerte que el respeto) de ese alumno rebelde que no estudia ni deja estudiar a sus vecinos. La compañera de trabajo sabrá como acercarse a esa persona arisca y agresiva, que tal vez esconde un corazón generoso pero herido.

Basta con muy poco: una gota de miel. En el fondo, basta tener un corazón atento, dispuesto a dar la mano, a tender puentes, a levantar heridos.

Un corazón que no se cansa porque quiere rescatar al amado y ayudarlo a vivir mejor.

P. Fernando Pascual

Fuente Catholic.net (Adaptación)

 

 
 
  • Jonathan
    yo pensé que se la frase era de san juan bosco http://webcatolicodejavier.org/SanJuanBosco.html

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