¡Una nueva imagen de cristiano para el siglo XXI!

Vivamos en profundidad nuestra fe, no en la penumbra de nuestros templos sino iluminando este mundo en el que nos ha tocado vivir.

 
¡Una nueva imagen de cristiano para el siglo XXI!

Se nos acaba el año litúrgico y los textos de la Escritura nos invitan a una seria reflexión para situarnos en nuestra verdad de personas limitadas en el tiempo y en el espacio. 


La vida se nos acaba, se nos termina. Pero estaríamos muy equivocados si juzgamos que la Iglesia nos invita “al bien morir” cuando lo que desea es precisamente que nosotros nos acostumbremos “al bien vivir”, pues a eso nos invita Cristo. 

Ya los primeros cristianos vivían preocupados, mejor aún muy preocupados, por la segunda venida al fin de los tiempos. San Pablo sale el encuentro de esa dificultad y los invita con fuertes palabras a dejar ya de ser los cristianos sumidos en la esperanza pero al mismo tiempo en la inactividad: “A ustedes hermanos, ese día (el día de la aparición gloriosa de Cristo) no los tomará por sorpresa, como un ladrón, porque ustedes no viven en tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y de las tinieblas. Por tanto, no vivamos dormidos, como los malos, antes bien, completamente despiertos y vivamos sobriamente”. Esa recomendación nos cabe como anillo al dedo a nosotros, hombres del flamante siglo XXI, para dejar de ser los cristianos “domingueros” que en su misa semanal parecen angelitos de la gloria, pero que al final se despabilan, casi se sacuden el polvo de la Iglesia y se dedican a darle vuelo a la hilacha, despreocupados de su destino final y ocupados profundamente en los asuntos de este mundo. 

Dice Papa Benedicto XVI en la convocatoria para el Año de la Fe: “Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo”

Esa es, entonces, la ilusión: que los cristianos de hoy vivamos en profundidad nuestra fe, pero no en la penumbra de nuestros templos sino iluminando este mundo en el que nos desarrollamos y en el que nos ha tocado vivir, para que la luz de Cristo resplandezca sobre todo, después de haber pasado nosotros mismos por el camino de la cruz, de la entrega y de la fidelidad. Esto es precisamente lo que Cristo nos anuncia con la parábola del amo que al irse de viaje a un país lejano, quiso dejar a sus tres servidores una fortuna para que la trabajaran hasta su regreso. Dos de ellos, según su capacidad, doblaron la cantidad, pero un tercero, temeroso, tímido, o quizá hasta flojo, fue y escondió el dinero bajo tierra. Y al retornar el patrón su castigo fue ejemplar, pues no fue capaz ni siquiera de meter el dinero al banco para que produjera intereses. 

No escatimemos, pues, nuestro esfuerzo para que nuestra fe ilumine los hogares con la realidad particular que en cada una de ellos se vive, el mundo de la empresa poniendo énfasis en las personas y haciendo de la corresponsabilidad un estilo de trabajo, y en los demás asumiéndonos como una comunidad de hermanos que caminan, no hacia el final de esta vida, sino al encuentro con la paz, la alegría y el verdadero descanso eterno. 

P. Alberto Ramírez Mozqueda

Fuente Catholic.net
 
 
  • ANGELICA CORRAL
    DIOS NOS DA Y DIOS NOS QUITA LA VIDA - nosotros los humanos no debemos quitar la vida, dejemos que DIOS lo haga en el momento justo........ NO PIERDAMOS LA FE EN DIOS......es lo que nos mantine de pies.-

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