¿Y la felicidad de uno: para cuándo?

Lo que cada uno es y tiene -en su propia realidad- coincide con la “posibilidad de la felicidad” y con “felicidad de lo posible”. A esta “felicidad” tenemos que aspirar.

 
¿Y la felicidad de uno: para cuándo?

La posibilidad de la felicidad


En la vida, la mayoría de las veces uno no se siente siempre feliz y pleno, radiante y desbordante; al contrario, la rutina, el estrés, las presiones y las innumerables dificultades y conflictos de la existencia erosionan tanto nuestras limitadas energías que, en general, suspiramos por la felicidad como si fuera un imposible, una quimera, un espejismo, una utopía, un anhelo irrealizable, un sueño inalcanzable. Asociamos felicidad a la aspiración y al sueño que cada uno pretende alcanzar. Esto nos aleja de la verdadera felicidad, ya que ésta es más consistente en la medida en que se desliga de los sueños y se conecta con la realidad.  Lo que cada uno es y tiene -en su propia realidad- coincide con la “posibilidad de la felicidad” y con “felicidad de lo posible”. A esta “felicidad” tenemos que aspirar. No la felicidad de lo imposible y lo inalcanzable sino la “felicidad posible”. La realidad de cada uno posee una serie de potencialidades que esperan por salir. Cuando las posibilidades se conviertan en realidades, nos darán más plenitud, haciéndonos sentir más completamente nosotros mismos. Tenemos que activar todas nuestras potencialidades. No hay que ver la realidad de otros y compararse. No hay que lamentarse por la suerte propia y envidiar el destino ajeno. No es la realidad del otro la que nos va a hacer felices. La felicidad de cada uno, está en la realidad de cada uno. La propia realidad es la posibilidad de cada felicidad, la cual no tiene que ver con los sueños, fantasías, anhelos y deseos sino con la posibilidad que emerge de la realidad de cada uno. No existe una sola felicidad. No hay que engañarse con “modelos” de felicidad para todos iguales: Todos somos distintos, únicos e irrepetibles. No hay una “felicidad tipo” o “estándar”. Todas son originales. Actualmente se promueve una felicidad de consumo, fácil, inmediata, descartable, pasajera, ficticia y sin esfuerzo. No hay felicidades “mágicas” y “espontáneas” que irrumpen en la propia vida. Hay que “trabajar” la propia felicidad adecuándola al “criterio de realidad”. La verdadera felicidad se “hace”, se “trabaja”, se “cultiva”, se “invierte” en ella. La “felicidad posible” es sólo posible si uno se propone hacerla realidad en su vida. Se construye. Es una artesanía personal que puede llevar muchos años diseñar y  disfrutar. Es una tarea ardua, un trabajo lento y, a menudo, fatigoso. Se necesita creatividad, empeño, tesón, paciencia y sacrificio. Cada uno la va diseñando y construyendo. Es su artífice y protagonista, la moldea. Construimos nuestra felicidad con las opciones que tomamos. El único responsable de la propia felicidad es cada uno. La felicidad no está afuera de uno. Está en nuestra realidad, en nuestras posibilidades, en nuestra libertad y en nuestras opciones.


El trabajo de ser feliz


La felicidad no necesariamente se debe identificar con algo objetivamente común y para todos igual. Lo que a uno hace feliz, al otro puede que no. La felicidad no se identifica con algo igual para todos. Todos queremos ser felices pero no todos lo podemos ser de la misma manera. Somos personas singularmente distintas. La realidad y las posibilidades de cada uno son diferentes para todos. Además cada uno tiene su propia escala de apreciación y de valoración. No hay una felicidad igual a otra. Las personas, las realidades, las posibilidades y la jerarquía de valores no son idénticas. Cada uno tiene la medida de una “felicidad posible”. Algunos ponen su felicidad en el éxito, en el placer, en los logros profesionales, en los viajes, en el dinero, en las cosas materiales, en el poder, en la belleza, en la salud, en los afectos, en la satisfacción personal, en la familia, en las relaciones sociales, en la entrega solidaria a los otros, en la dedicación a Dios, etc. Hay distintas felicidades humanas. Nadie tiene que hacerse cargo de nuestra felicidad, excepto nosotros mismos. No hay que delegar responsabilidades en otros. Nadie es responsable de la felicidad ajena. Eso sería un tremendo compromiso, un terrible peso y una insostenible carga. Nadie es “Dios” en la vida de otro. A veces somos responsables de la infelicidad de otro pero no somos responsables de la felicidad de otro.  A lo más, podemos ser “instrumentos” para la felicidad de otro pero no somos los artífices de su felicidad. No podemos exigirle a otro que nos haga feliz o que sea nuestra felicidad. Somos nosotros lo que podemos conseguirla moldeando nuestra propia realidad. Todos tenemos que ayudarnos a ser más felices, unos a otros; pero nadie es el autor o el responsable último de la felicidad ajena. Cada uno va forjando el destino de su propia felicidad o infelicidad. Nadie tiene adquirida -de por vida- una “garantía” de felicidad. Nadie la ha “comprado” para siempre. No somos “dueños” de nada. Lo más profundo de la vida es muy valioso, aunque no tiene “precio”. Todo lo valioso,”vale”; pero no todo lo que “vale”, tiene un “precio”.


(Fuente: Yo Creo / Autor: Eduardo Casas / eduardocasas.blogspot.com)

 
 
  • Ernestina
    Estupenda¡¡ descripción sobre la Felicidad¡¡ Siempre echamos culpas¡ a otros de nuestra infelicidad¡ y somos nosotros mismos quienes manejamos nuestra vida?para ser o no ser Felices"! No somos dueños de Nada!! Aun que? si también creo¡ que ya que de nada somos dueños? No deberíamos Hacer Añicos la Felicidad de Alguien¡ De Nadie¡¡ Valorar y Valorarnos¡¡dar y que sin esperar algo de sactifacciones¡ Recibir¡¡¡ De lo contrario? viviríamos egoístamente? pensando siempre en nosotros mismos ¡¡¡ Aun¡ quê Muy bien Dicho Por El Padre Eduardo¡¡ Lo que a uno le hace feliz" NO necesariamente? puede hacelo con el otro¡¡¡ EsTAS REFLEXIONES DEL PADRE EDUARDO¡ SIEMPRE? SON AUTENTICAMENTE¡ REALES¡ Y FUERTES¡ NOS MOBILIZAN¡ Y NOS CONMUEVEN¡¡¡ GRACIAS PADRE POR ROMPER MI CORAZÔN¡¡¡¡¡

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