Adora y sirve al Señor, tu Dios

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Adora y sirve al Señor, tu Dios

Jesús es llevado al desierto por el Espíritu, es el lugar del camino hacia el encuentro con el Padre, en su  caso a través de su gloriosa Pasión, Muerte y Resurrección. La imagen nos permite contemplar a un Jesús que necesita prepararse para su Pascua, para el paso que dará al enfrentar la prueba del dolor, del sufrimiento y de la propia muerte, para luego dar paso a la Vida Eterna, y con ella colocarnos a todos en el camino de la Salvación.


La tentación del maligno busca descentrarlo, quitarlo de su proyecto tentándolo con las oportunidades mundanas. La propia existencia está marcada por esta gran tentación, la del poder, la riqueza, el éxito, la fama; al tiempo que éstos parecen ser los condimentos de una vida feliz. Roberto Almada, psiquiatra y psicoterapeuta argentino, de la escuela frankleana, propone en su libro “El cansancio de los buenos”[1], tres tentaciones que el verdadero líder debe saber superar, bien pueden ayudarnos a meditar la Palabra de esta semana.


La primera: la tentación de la superficialidad (“Di a estas piedras que se conviertan en pan”), es decir, la de la frivolidad a la hora de afrontar las diversas circunstancias de la vida, el no poder meternos de lleno en los compromisos que debiéramos asumir, el de una vida de fe autorreferencial, centrada en los propios gustos, en la búsqueda de la propia satisfacción y nunca en el encuentro con los otros y con el Otro.


La segunda: la tentación del poder (“Si te postras ante mí todo será tuyo”), el desear saberlo todo y controlarlo todo. Aquella que nos hace ciegos ante los ídolos de barro: el dinero, el confort, el tener dominio sobre otros, en pocas palabras el quedar esclavizados a los bienes terrenales, una nueva forma de esclavitud a la que nos sometemos libre y voluntariamente creyendo que encontraremos en ella la propia felicidad.


La última: la tentación del populismo demagógico (“TÍrate abajo desde lo alto el templo…”), el buscar el reconocimiento de los demás como medida de realización; el ser estimado a costa de lo que sea, la necesidad de ser engrandecido y reconocido por encima de las reales posibilidades.


La respuesta de Jesús al tentador es la clave para preparar el corazón en esta cuaresma: “Adora al Señor tu Dios y sírvele sólo a él”, estamos invitados a reconsiderar nuestra vida, a superar las propias tentaciones, a descubrir que en lo inmediato encontramos placer pero en lo eterno el verdadero gozo. Hemos sido creados para la eternidad, somos caminantes de la Vida que no termina, no tentemos al Señor, adorémoslo solo a él, gustemos de su misericordia.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com / Twitter: @emilioroz)








[1] Almada, Robero. “El cansancio de los buenos”, Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2012.




 
 

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