Adviento: Jesús habla de un fin pero ¿a qué fin se refiere?

La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad. Por el P. Eduardo Casas.

 
Adviento: Jesús habla de un fin pero ¿a qué fin se refiere?

1. Adviento: etimología, duración, estructura, color litúrgico y sentido


La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad y con las cuales comienza el año litúrgico de las celebraciones rituales que realiza la Iglesia.  



El término Adviento viene del latín adventus y  significa venida o llegada y se refiere tanto a la presencia que tuvo Jesús en la historia como también al regreso que realizará al final de los tiempos, cumpliendo su promesa de retorno.  



El color usado en la liturgia durante este tiempo es el morado, el cual significa penitencia, arrepentimiento, purificación  y esperanza.



La estructura del Adviento tiene dos partes: desde el comienzo hasta el 16 de diciembre contempla el último retorno del Señor al final de los tiempos y desde el 17 de diciembre al 24 –o sea la última semana previa a la Nochebuena- se contempla la primera venida del Señor con su nacimiento. La primera fue revestida de humildad y pobreza, la segunda será en gloria y majestad.



El sentido del Adviento es reavivar la fe en la espera del Señor. Es una ocasión privilegiada  de esperanza que nos invita a una profunda reflexión sobre el tiempo ya que nos hace recordar el pasado, vivir el presente y  preparar el futuro.



Se recuerda el pasado al evocar la primera venida de Jesús en Belén. Se vive el presente del mundo y de la Iglesia, descifrando en la historia los signos de Dios  y se prepara el futuro en la expectación y  vigilancia descubriendo que la historia tiene un sentido y una culminación con el regreso del Señor. Ese acontecimiento nadie sabe el día ni la hora en el cual sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita -con el Adviento- a prepararnos.


2. Primer domingo de Adviento. Evangelio de Lucas 21,25-28.34-36.


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje. Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán. Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria. Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza porque ha llegado el día de su liberación. Presten atención, no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida para que aquel día no los sorprenda de repente porque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Estén despiertos y oren incesantemente pidiendo poder escapar de lo va a suceder. Así podrán presentarse seguros ante el Hijo del Hombre.  


3. Reflexión a partir del Evangelio


Ante las expresiones dramáticas con que comienza el Evangelio, se podría pensar que Jesús está hablando acerca del fin del mundo. Los acontecimientos descriptos son impresionantes: señales en el sol, la luna y las estrellas, cataclismos en la tierra y en el mar, etc.


Sin embargo Jesús no está anunciando el fin del mundo. Todo lo contrario. Ciertamente anuncia un acontecimiento aunque no el final y menos un cataclismo universal.  El significado de este pasaje es difícil porque no hay que interpretarlo literalmente como le gustaría a cualquier fundamentalismo religioso. El Señor usa un lenguaje que nosotros no usamos. Él está empleando un modo de expresión propia de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento, llamado apocalíptico.


Este término tampoco se emplea en la Biblia con la acepción que -para nosotros- tiene hoy como algo tremendo y destructor.  La Biblia -para describir un gran cambio, una trasformación radical del mundo y una intervención importante de Dios- recurre a imágenes grandilocuentes. En la Antigüedad, la naturaleza, siempre estuvo asociada a lo divino y  a lo trascendente. Es por eso que para hablar de una acción potente de Dios, las imágenes que usa el género apocalíptico están tomadas de la naturaleza. Los elementos mencionados en el Evangelio -el sol, la luna, las estrellas, las potencias del cielo y el mar- aparecen también en el relato de la Creación.


Pareciera que el mensaje en este pasaje del Evangelio es el inverso al del relato de la Creación. Mientras que en la narración del origen del mundo, la Biblia habla de que todo salió de las manos de Dios con un orden y un sentido, aquí es como que todo vuelve al caos y a la confusión. Sin embargo, en el texto Jesús hace un cierto desplazamiento. Pasa de los elementos de la Creación al mundo humano enfocado éticamente: “no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”.


El Señor habla de la relación entre el mundo creado por Dios y las consecuencias de las acciones humanas. Uno y otro mundo mutuamente interactúan y ambos son permeables. Lo que el ser humano hace afecta a la Creación y viceversa.


Jesús no subraya la catástrofe del mundo, ya que la pone en primer lugar para captar la atención sino que se detiene en la advertencia del desorden ético del comportamiento social.  Frente a este panorama –tan viejo y tan actual en la humanidad- surge el  pánico y la angustia: “los hombres desfallecerán de miedo” dice el Evangelio.


La pregunta que cabe entonces es si para Jesús la humanidad está encaminada hacia una catástrofe inevitable ya sea tanto en la naturaleza (los elementos de la Creación) como en los valores éticos de la sociedad. El Evangelio apunta hacia una respuesta esperanzadora: “enderécense, levanten la cabeza, estén despiertos y oren”. El mensaje es de resistencia: hay que liberarse del miedo y aferrarse a la esperanza. Jesús quiere que afirmar que la humanidad se encamina hacia una nueva creación y, por lo mismo, hay que esperar al Hijo del hombre que regresará con poder y gloria haciendo un mundo nuevo a partir del caos y del desorden en la naturaleza y a pesar del comportamiento del ser humano.


El Evangelio no da lugar al miedo, al desaliento y al mal. No existe caos en la historia que Dios no pueda revertir. Jesús advierte que el desenfreno, el vicio y el libertinaje son evasiones con las que el ser humano  trata de anestesiarse y evadirse. Al contrario, es preciso enderezarse y levantar la cabeza en  una actitud activa que posibilite una nueva construcción, una nueva relación con la naturaleza y con la sociedad. El mensaje final del Evangelio es, por lo tanto, de esperanza. No desde una esperanza ingenua que desconoce el mal en la naturaleza cósmica y en la naturaleza humana y social sino desde una esperanza lúcida. Jesús no habla del fin del mundo sino del comienzo de un nuevo orden en el mundo, en el que nosotros somos protagonistas. No es el fin del mundo sino, en todo caso, el fin de un mundo, de un modo y un estilo de ser del ser humano con la Creación y en la conciencia ética que construye la historia con lucidez y compromiso.


4. Algunas preguntas para reflexionar


1-    ¿En qué tenemos que seguir educándonos en relación a la Creación como naturaleza cósmica?


2-    ¿Qué actitudes pueden ayudarnos para revertir el desorden ético -tanto en lo personal como en lo social- que afecta al mundo y a los seres humanos?


3-    ¿Por qué nos resulta más difícil construir éticamente un nuevo orden social, un nuevo vínculo entre las personas y un nuevo estilo de relación con la naturaleza  que pensar en la evasión del fin del mundo?  


4-    ¿Cuáles son las causas que nos condicionan para comprometernos en nuevas construcciones sociales?


5-    ¿Cuáles son las evasiones personales o sociales que existen en nuestra cultura actual?


 


Fuente: Yo Creo – Autor: P. Eduardo Casas


 
 

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