Amor, coraje y Fe. Receta para un milagro

En la vida pasamos por muchos momentos felices y otros en que parece que no hay salida. Cuando parece que "todo está mal", podemos redescubrir la presencia de Dios.

 
Amor, coraje y Fe. Receta para un milagro

Conozco a una mujer muy valiente.


Hace casi diez años, los médicos le detectaron un cáncer agresivo. Ella es profesional y entendió rápidamente que tenía un problema grave y que su vida corría serio riesgo.

Comenzó con un largo tratamiento con los recursos que la medicina puso a su alcance para atravesar esta terrible enfermedad: rayos y quimioterapia. Cada una de las sesiones la dejaba hecha jirones. Se debilitaba rápidamente, perdió su hermoso cabello y casi no se dejaba ver. Su marido estaba a su lado, acompañándola en las peores situaciones, tratando de insuflarle esperanza y alegría. Las cosas se pusieron mal y –aún así- ella no bajó los brazos.

Luego de varios años de lucha, finalmente, los médicos le dijeron que estaba curada. Fui a la fiesta que organizó en su casa, con la mejor comida y los mejores vinos para agradecer y hacernos cómplices de su inmensa alegría: el cáncer había desaparecido. Sin embargo, existían pocas posibilidades de que pudiera ser mamá.

Pasaron un par de años y un día, después de los chequeos habituales, llegó la peor noticia. La enfermedad había regresado sin dar un solo síntoma, sin avisar, sin prevenciones. Ella y su esposo volvieron a su casa y se abrazaron toda la noche. Lloraron hasta quedarse dormidos. Sabían –ambos- que se enfrentaban a lo peor. El cáncer había vuelto y –con él- la esperanza y la resistencia parecían vencidas. La noticia corrió doliente entre todos los amigos.

Sin razón alguna dejamos de vernos hace mucho tiempo. De vez en cuando se me apareció su cabello rojizo y su sonrisa en el recuerdo de aquellos encuentros serenos entre matrimonios y cumpleaños de niños ajenos.

Ayer me enteré que hace seis meses ella fue mamá de una hermosa beba. Me dicen que –los tres- son felices y que los momentos de incertidumbre y enfermedad quedaron atrás.

Mientras hoy volvía de cenar con Inés y con mis hijos, uno de ellos se me subió “a caballito” en mi espalda, cruzó sus brazos por mi cuello y me susurró que me amaba. No sé porqué razón su vocecita me trasladó inmediatamente a la noticia de que mi amiga iba a poder escuchar pronto una voz y unas palabras similares. Todos sospechamos alguna vez que no sería posible una experiencia similar para ella. Sin embargo, contra toda esperanza, dos milagros gigantescos habían sucedido a una misma persona.

A veces, cuando todo está “patas arriba” se nos hace difícil creer que Dios podrá echarnos una mano. La verdad es que, más allá de algunas palabras de circunstancias, cuando una situación parece irremediable, nuestra Fe suele tambalear, rezamos sin creernos que estamos frente a nuestro Padre pidiéndole un milagro. Nos perdemos en nuestra propia desesperación y dejamos de confiar en que Dios hará lo mejor para nosotros.

Muchos pasamos por esta vida sin tener la conciencia de estar viviendo un milagro, aunque Él nos lo regale a cada instante. El nacimiento de la hija de Laura, es una evidencia increíble, monumental, que viene a despertarnos de nuestra siesta espiritual para decirnos que, como hace dos mil años, y desde siempre, “no hay nada imposible para Dios”.

O.M. © Yo Creo
 
 
  • Iris
    Hermosa historia...yo le creo a Dios.

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