Aprender a ser felices

Ser creyentes no es asumir una actitud pasiva; mucho menos una triste o pacata. La 'construcción' de la felicidad por J.L. Martín Descalzo.

 
Aprender a ser felices

Me parece que la primera cosa que tendríamos que enseñar a toda persona que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa.


Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así, hay raciones más que suficientes de alegría para llenar una vida de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.

Sería también necesario decirles que no hay «recetas» para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay una sola, sino muchas felicidades y que cada hombre debe construir la suya, que puede ser muy diferente a la de la de sus vecinos. Y porque, en segundo lugar, una de las claves para ser felices está en descubrir «qué» clase de felicidad es la mía propia.

Añadir después que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella. A mí se me ocurren, así de repente, unos cuantos:

- Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma y de nuestra corporeidad. Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos. No tener que esperar a encontramos con un ciego para enterarnos de lo hermosos e importantes que son nuestros ojos. No necesitar conocer a un sordo para descubrir la maravilla de oír. 

- Asumir, después, serenamente las partes negativas o deficitarias de nuestra existencia. No encerrarnos masoquistamente en nuestros dolores. No magnificar las pequeñas cosas que nos faltan. No sufrir por temores o sueños de posibles desgracias que probablemente nunca nos llegarán.

- Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasarnos la vida desconfiando de los demás. Tratar de comprenderles y de aceptarles tal y como son, distintos a nosotros. Pero buscar también en todos más lo que nos une que lo que nos separa, más aquello en lo que coincidimos que en lo que discrepamos. Ceder siempre que no se trate de valores esenciales. No confundir los valores esenciales con nuestro egoísmo.

- Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. Caminar hacia él incesantemente, aunque sea con algunos retrocesos. Aceptar la lenta maduración de todas las cosas, comenzando por nuestra propia alma. Aspirar siempre a más, pero no a demasiado más. Dar cada día un paso. No confiar en los golpes de la fortuna.

- Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga -y a veces muy a la larga- terminará siempre por imponerse. No angustiarse si otros avanzan aparentemente más deprisa por caminos torcidos. Creer en la lenta eficacia del amor. Saber esperar.

- En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados. Tener el alma siempre joven y, por tanto, siempre abierta a nuevas experiencias. Estar siempre dispuestos a revisar nuestras propias ideas, pero no cambiar fácilmente de ellas. Decidir no morirse mientras estemos vivos.

- Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos, encontrando en él sus aspectos positivos.

- Revisar constantemente nuestras escalas de valores. Cuidar de que el dinero no se apodere de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar cuando nos ha hecho sus esclavos. Descubrir que la amistad, la belleza de la naturaleza, los placeres artísticos y muchos otros valores son infinitamente más rentables.

- Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios es el Dios de la vida o es un ídolo.

- Procurar sonreír con ganas o sin ellas. Estar seguros de que el hombre es capaz de superar muchos dolores, mucho más de lo que él mismo sospecha.

 

La lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de seres humanos: la construcción de la felicidad.

Extraído de "Razones para la Alegría"
 
 
  • Jorge
    No termino de acordar con los lineamientos de esta nota. La elección de ser feliz o infeliz no se trata de partes, sino de una actitud, en primer lugar de agradecimiento pleno por la vida, por la familia, por lo que nos rodea. Ser feliz no es estar todo el día con "cara de feliz cumpleaños", sino una actitud interna que trasciende y se esparce. Personalmente soy de los que suelen caerse en el estado de desesperanza, de los que creen que todo puede ir a peor, pero cuando hago el ejercicio de ver en mi mente que mis hijos son niños felices, que están sanos, que tengo una familia que cada tarde me espera y me recibe con amor, me doy cuenta que la felicidad está allí. Y donde está la felicidad, está Dios. Por eso, a veces no concuerdo con ese catecismo que nos dice que vivimos en "el valle de lágrimas". No! Vivimos en un mundo que necesita de nuestra felicidad, de nuestra decisión de ser felices y esparcir nuestro espíritu a los demás. ¿Por qué los niños son felices sin cosas? Por qué un bebé de 9 meses se ríe a carcajadas y se mueve expresando felicidad con sólo ver una sonrisa? Porque su espíritu está en estado puro, porque su sonrisa es la sonrisa pura de Dios que quiere nuestra felicidad. El Evangelio nos recomienda ser como niños, no nos dice que debemos vivir bajo el yugo del dolor para conquistar el cielo. Dios está en cada uno de nosotros, estamos llamados a ser felices.
  • Ale
    Yo creo que no podemos negar que la vida en este mundo sin duda siempre va a tener que pasar por el sufrimiento y el dolor, y Dios no es que quiere eso para nosotros sino que conoce nuestra realidad y sabe que es parte de la humanidad, por eso nos enseña a cargar con nuestras cruces, a sobrellevarlas con amor y hacer de ellas un medio de salvacion. Sino no tendría sentido su muerte en la cruz. Y en eso también se juega nuestra felicidad, en saber aceptar nuestras cruces y abrazarlas; como también dar testimonio de nuestra alegría por sabernos amados por Dios que nos llena de milagros cotidianos y fortalecidos en todo momento por su gracia. A mi me gustó mucho esta nota! es una tarea diaria buscar y construir nuestra felicidad y hay que ejercitar siempre todo nuestro ser para direccionarnos a ella.

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