Comenzar y recomenzar

Jesús recurre a una parábola muy breve para recordarnos que Dios nos quiere. Nos quiere mucho. Y nos quiere felices. Y que –siempre- quiere que lo busquemos y lo encontremos.

 
Comenzar y recomenzar

8 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? 9 Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido." 10 Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Lucas 15, 8-10


Me contaba un sacerdote, en el inicio de unos días de meditación, que la dracma era el nombre de una antigua moneda a la que Jesús recurre para dar forma a esta parábola y hacerla comprensible para su audiencia. Era una moneda pequeña de uso cotidiano y –por los materiales que se utilizaban para construir en aquellos tiempos, especialmente por las baldosas que se usaban en la época- era muy frecuente que estas dracmas se cayeran y quedaran “escondidas” –de canto- en las uniones imperfectas de los pisos.


Acá Jesús –me dice el cura- usa un ejemplo muy práctico. ¿Quién que ha perdido algo que considera valioso no deja todo para buscarlo, enciende las luces, barre concienzudamente, remueve muebles, alfombras, busca en los cajones, hasta que –por fin- lo encuentra? Y entonces, no se guarda la alegría para sí mismo, sino que llama a sus amigos para comentárselo y compartir ese gozo.


Hay momentos en la vida –continuaba el sacerdote- en la que hemos perdido lo más valioso que tenemos: nuestra comunión con el Padre. Nos hemos alejado. Hemos roto el contacto diario con el Señor. Nos hemos equivocado –algunas veces “fiero”- y hemos perdido nuestra dracma.


Jesús –concluye el cura, usando las palabras de Francisco- “nunca se cansa de perdonar”. Dios nos quiere. Nos quiere mucho. Y nos quiere felices. Como la mujer de la parábola, movámonos rápido. Encendamos las luces. Barramos bien la casa. Ordenemos lo que tenemos que ordenar, y volvamos al encuentro con el Señor.


El sacerdote concluye mirando una imagen de María. “Como toda Madre, María siempre nos cree. Y cada vez que recomenzamos Ella le dice al Jesús: ¡‘esta vez sí’!”.


(Fuente: Yo Creo)


 
 

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