Compartir mi ubicación

Aquello que es más importante para mi vida, mis expectativas y problemas; me ayudan a encontrarme con los demás.

 
Compartir mi ubicación

Quizás varios de ustedes estén un poco desactualizados con esto de “compartir mi ubicación”, pues es algo que solo pueden hacer aquellos que tienen la aplicación “Whatsapp” en sus teléfonos celulares. Por si no lo tienen, les explico: consiste en que uno envía un mensaje a otra persona en donde se ve su ubicación geográfica a través de un mapa, gracias a la tecnología GPS. Entonces, si alguien comparte su ubicación, se la puede localizar fácilmente. Es una herramienta tremendamente útil, sobre todo cuando no se conoce la ciudad, para llegar a algún lugar y hallar a quien nos espera. De igual manera, solemos compartir nuestra ubicación en las redes sociales. La tecnología nos facilita el poder comunicar dónde nos encontramos en todo momento. Pues bien, luego de esta muy sencilla “clase de tecnología”, vamos a lo nuestro.


Salvando las distancias, en nuestra vida sucede igual. Dios nos diseñó con la habilidad de relacionarnos con los demás. Aristóteles dijo alguna vez que el hombre es un ser social por naturaleza. Esto significa que tenemos algo en nuestro ser de humanos que nos impulsa a compartir con las personas de nuestro entorno. Algunos le llaman “instinto de supervivencia”. Pero, para poder salir de nosotros y relacionarnos con los demás, nos hace falta vencer algo que nos puede complicar la existencia: la indiferencia, hacia Dios y hacia el prójimo. El tema de la indiferencia es muy actual. Por ello, el Papa Francisco nos sugiere que vivamos esta cuaresma como un tiempo para despertar al amor de Dios, ante un mundo que tiende a cerrarse en sí mismo.


¿Qué puede llegar a ser para nosotros hoy “compartir nuestra ubicación”? Claro está, no nos referimos solamente a saber usar la tecnología. Necesitamos hablar en concreto, hay algo más. Quizás, estas sencillas preguntas, que podemos hacernos o que nos pueden hacer quienes hablan o se cruzan con nosotros, orienten un poco: ¿cómo estoy, qué problemas me afectan, qué es lo más importante en mi vida, cuáles son mis expectativas? Todo lo que me ayude a encontrarme con los demás… es bueno.


Si tuvimos nuestro encuentro personal con Jesús, el corazón nos exigirá hablar de Él. Si todavía no lo tuvimos, encontrarnos verdaderamente con los demás nos puede llevar por ese camino hacia Dios. Estamos llamados por Dios a anunciar el Evangelio y a promover la cultura del encuentro. Nos encontramos de verdad con alguien cuando ese alguien nos recuerda que hay algo más grande que da sentido a ese encuentro: ese Dios.


Dios es muy original. Nos podemos encontrar con Él de mil maneras diferentes: haciendo una oración matutina, haciendo una actividad solidaria, incluso en nuestros problemas, lo que nos imaginemos. Sin embargo, un camino seguro para encontrarnos con Dios es atreviendonos a descubrir a la persona que Él nos cruza en el camino. Solución garantizada. No hay reglas para mantener vivo a Dios en nosotros.


Salir de nuestra indiferencia es un desafío. Te propongo que salgas de ella y te atrevas a encontrarte con alguien. Es fundamental estar atento a las sorpresas de Dios. Como bautizados estamos llamados a compartir nuestra ubicación: eso se llama “misión”. No es otra cosa que compartir la vida y el amor de Dios con los demás.


(Fuente: Yo Creo / Autor: Matías Burgui / @matias89_mb)


 
 

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