Comunidad cristiana ¿creyentes o robots? (I)

En el futuro, la dimensión comunitaria de la evangelización será más y más importante. Las comunidades que se caractericen por su autenticidad, coherencia y honestidad tendrán un fuerte impacto en su medio ambiente.

 
Comunidad cristiana ¿creyentes o robots? (I)

He leído un libro apasionante,  This will change everything. Ideas that will shape the future , se trata de una obra colectiva en la que diferentes científicos, pensadores e investigadores escriben acerca de las tendencias que moldearán nuestro futuro.


En uno de los capítulos, títulado The robotic moment , escrito por Sherry Turkle, investigadora en el Massachusetts Institute of Technology, se habla de los impresionantes avances en el mundo de la robótica.  En un futuro no muy lejano -afirma- los robots, que ya no serán artefactos metálicos con voz de sintetizador, formarán parte de nuestra vida cotidiana. 

Esta investigadora habla de dos etapas. En la primera será preferible tener un robot a no tener nada. Es decir, será mejor que un robot acompañe a nuestros padres ancianos en la casa, les de conversación y compañía, en vez de que estén solos y abandonados viendo la televisión. Esto será válido también para robots que ejercerán como niñeras, terapeutas, educadores, etc.

Pero la autora habla de  una segunda etapa, en ésta será preferible tener un robot a tener un ser humano.

¿Sorprendente? Tal vez no, la argumentación que provee tiene todo el sentido del mundo. Los seres humanos y las relaciones con ellos son, a menudo, decepcionantes. Las personas rara vez están a la altura de nuestras expectativas, son impredecibles, difíciles de entender y conformarr y nos defraudan constantemente. Por tanto ¿Por qué no tener un robot que sustituya esas relaciones carentes de honestidad, trasparencia y generosidad?

Un robot nunca nos defraudará, siempre estará cumpliendo con nuestras expectativas, estará a la altura de nuestras necesidades y -si como afirma la investigadora pueden llegar a tener funciones sexuales- pueden convertirse en los compañeros perfectos, siempre fieles, nunca se quejarán si no damos la talla en la cama, en fin, ¡el amante perfecto!

Todo esto nos puede parecer una tontería o una barbaridad, pero no olvidemos que éstas, nos gusten o no, las entendamos o no, las aceptemos o no, son las ideas que moldearán el mundo en el que viviremos.

ANHELO DE RELACIONES GENUINAS 

Detrás de todo lo escrito anteriormente se esconde la necesidad y el anhelo de todo ser humano por relaciones que sean auténticas , genuinas, trasparentes y fiables. El ser humano está diseñado para vivir en comunidad, ya en el libro del Génesis el Señor afirmó que no es bueno que el hombre esté solo. Por esa razón, le proveyó de una compañía adecuada, puesto que existían necesidades que ni todo el resto del mundo creado, ni siquiera el mismo Dios, podían satisfacer. El ser humano está hecho para vivir en comunidad.

Nosotros somos salvados individualmente -¡cierto!- pero para incorporarnos a un cuerpo, a una familia, a un pueblo, a una comunidad. No podemos ni debemos olvidar la dimensión comunitaria de la salvación. Del mismo modo que no podemos olvidar la dimensión comunitaria de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Necesitamos desesperadamente de otros seres humano pero, al mismo tiempo, estas relaciones nos pueden causar -y de hecho nos causan- mucho dolor y sufrimiento.  Esta es la contradicción, necesitamos de otros pero nos da miedo ser vulnerables porque podemos ser dañados.

Uno de los valores del hombre y la mujer postmoderna es la necesidad de lo genuino, valora lo auténtico, lo íntegro. Siente una desconfianza innata y visceral hacia todo aquello que huela a superficial, carente de integridad y sea postizo. En la postmodernidad no basta con tener la verdad, hay que vivirla, hay que hacerla creíble por medio de nuestra vida.

LA DIMENSIÓN EVANGELIZADORA DE LA COMUNIDAD 

Los evangélicos hemos hecho demasiado énfasis en la dimensión individual de la evangelización y hemos olvidado o no considerado suficientemente la dimensión comunitaria de la misma . Y precisamente, en la postmodernidad, esta dimensión es la que adquirirá más y más importancia y se convertirá en imprescindible si deseamos tener un impacto en nuestro mundo.

La cultura postmoderna se caracteriza por la pluralidad de estilos de vida disponibles para poder organizar nuestro proyecto personal de vida. En este contexto, el cristianismo es -simplemente- uno más de los muchos estilos de vida a elección.

Los estudiosos de la cultura y el mundo postmoderno afirman que,  cuando hay esa competencia entre estilos de vida -todos ellos tratando de ganar nuestra adhesión-los únicos que tienen posibilidades de sobrevivir y triunfar, son aquellos que cuentan con una buena estructura de credibilidad

Una estructura de credibilidad es simplemente, en palabras de estos expertos, una comunidad que vive y encarna los valores que ese estilo de vida pregona y propugna.

Si no tienes una comunidad que ilustre lo que predicas, pues es cuestión de tiempo para que te quedes fuera del mercado.

Esto nos lleva a la importancia que tiene la comunidad como instrumento evangelizador. Porque la comunidad, con su vida, se convierte en la estructura de credibilidad de la fe cristiana. Sin comunidad no somos creíbles ante el mundo postmoderno. (Continuará)

Félix Ortiz Fernández

Fuente Protestante Digital

 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación