Dame de esa agua

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Dame de esa agua

Sólo quien ha padecido la sed en el desierto es capaz de revelarse contra Dios y preguntarle ¿nos has traído hasta aquí para esto?, ¿para morir de sed? Así estaban los israelitas: muertos de sed, exaltados, ofuscados. Sentían que el Señor los había abandonado luego de haberlos liberado de la esclavitud y conducido por el desierto. Sin embargo, el pueblo no queda defraudado, su esperanza no es arrebatada por ninguna circunstancia momentánea, ¿cuántas veces en un momento de dificultad personal nos embargan la esperanza?


El diálogo de Jesús con la samaritana resulta a primera vista trivial, casero, pero detrás de él se esconde una relación mucho más estrecha. Un diálogo es precisamente la relación que se da a través de la palabra (dia------logos), hay un ida y vuelta aunque no siempre conexión. En el caso de Jesús con la samaritana había también conexión, ambos hablan el mismo idioma, el misterio de le Encarnación es tan grande que llega a hablar el propio idioma de todos los hombres, no solo de algunos, sino incluso el de aquellos marginados por las estructuras religiosas como es el caso de la samaritana.


¿Cuántas de nuestras conversaciones se inician con algún comentario sobre un tema superfluo?, ¿o cuántas de nuestras relaciones más profundas han tenido su comienzo en un pedido simple, sencillo? Tal es el caso de Jesús que cansado le pide de beber a la samaritana, a lo que ésta le responde de forma desfavorable dada su condición judía. Ambos grupos eran tesis y antítesis en una sociedad marcada por el pecado de la exclusión. La samaritana no encuentra palabras para continuar rebatiéndole a Jesús que insiste en su pedido, pues se ha encontrado con la Palabra, con el Logos divino.


Jesús no solo dialoga con la samaritana sino que conoce su historia, sabe de sus seis maridos, lo que la convierte en pecadora pública, y le ofrece la verdadera agua, no la condena sino que la mira con ojos de misericordia, como dice san Beda el Venerable, y le ofrece beber del agua de la vida. Hoy podríamos decir que el diálogo entre ambos nos conduce hacia la Iglesia que se parece más a una tienda de campaña, como nos invita a pensar las estructuras religiosas el Papa Francisco, en la que se hay lugar para todos. Así somos impulsados a salir a buscar a los heridos, a aquellos que siguen bebiendo del agua de la insatisfacción, de la desesperanza, del desencanto, o sedientos en el desierto, para traerlos al redil, no con los esquemas de siempre, estructuras caducas, sino hablando un lenguaje común.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / contactoconemilio@gmail.com / Twitter: @emilioroz)


 
 

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