De una historia chiquita, una lección de amor

Aquella tarde de verano hacía mucho calor, pero una situación familiar elevó más la "sensación térmica".

 
De una historia chiquita, una lección de amor
Un día, cuando yo era chico, presencié una breve y casi silenciosa discusión entre mis padres.

Fueron gestos, más que palabras, las que surgieron de aquella clase de esgrima magistral. No existieron, por supuesto, ni insultos ni términos agraviantes. Simplemente, uno no estaba de acuerdo con una decisión del otro.

Recuerdo a mi papá masticar la bronca y salir de casa con una mueca adusta. No golpeó la puerta, ni compartió con sus hijos ninguna situación personal que tuviera en esos instantes con mi madre. Simplemente abrió la puerta y se fue.

Para un niño, aquel gesto tenía en sí mismo una gravedad formidable. Papá había girado sobre sus talones y había dejado la casa partida a la mitad en segundos.

Se había ido.

Entre mis hermanas y yo se generó un pequeño debate. Mientras la mayor iba hacia la cocina a encontrarse con mi mamá que seguía haciendo sus tareas domésticas como si nada hubiese pasado, con mis otras dos hermanas nos asomamos a la puerta angustiosamente.

Hacía calor. Al verano de ese enero sólo le sobrevivían las chicharras y algunas palomas. Las personas se ponían al resguardo, con ventiladores de techo y abanicos. La casa estaba fresca, pero tan solo poner los pies en la vereda, el sol comenzó a quemarnos.

Mientras estábamos en eso vimos el auto de la familia, estacionado en su lugar habitual, y dentro de él a mi padre sentado frente al volante. Parecía debatirse entre poner en marcha el automóvil e irse de aquel lugar o permanecer quieto. Infiero que adentro de aquél vehículo hacía muchísimo calor. Había discutido con mi mamá, se había ido enojado. Y ahí estaba mi papá, rojo de pasión y de bronca, decidiendo qué hacer.

No fueron pocos minutos. Pasó bastante tiempo, aunque no puedo ser preciso. Quizá cuarenta y cinco minutos. Quizá una hora. Quizá más.

De pronto, de la misma forma en que lo vimos salir, entró a la casa. Estaba empapado en sudor, y las gotas caían sobre su frente. Pasó por el living, siguió por la cocina y  volvió a hablar con mi madre casi sin modificar su tono habitual. Y mi madre le contestó sin cambiar el suyo. Enseguida cada uno volvió a sus cosas.

La crisis había pasado.

Ese recuerdo está bastante presente en mi vida. A veces, uno consigue dominar su enojo y evitar males mayores y otras veces parecemos elefantes sueltos en un bazar, rompiendo todo lo que se pone en nuestro camino.

No hay, creo, una receta única.

Aprecié siempre la actitud de mi papá por vencer su propio orgullo y evitar que la crisis escalara.

Y también valoré la serenidad de mi mamá, que no perdió los estribos cuando todo hacía suponer un conflicto mayor. Su gesto fue el de esperar, como el de mi padre fue el de “volver”.

Ambas actitudes son absolutamente indispensables cuando se quiere resolver un conflicto entre personas que se quieren -más aun si hay terceros en el medio, como los hijos-, sin que ninguno deba pagar “los platos rotos”. 

O.M. © Yo Creo
 
 
  • emilio
    Muy interesante. Me quedo con esta línea: "Aprecié siempre la actitud de mi papá por vencer su propio orgullo y evitar que la crisis escalara". Últimamente veo que muchísimas cosas se escalan a tal magnitud que es muy complicado volver. Sin agua uno puede tragarse el orgullo cuando es un bocadito cabsha, pero la cosa se cuando la soberbia se adueña y el orgullo toma forma de alfajor Fantoche Triple. gracias por la nota
  • Maria Laura
    Me encanto la nota y que lindo seria que dejemos la soberbia de lado y se pueda llegar a un acuerdo y sobre todo para evitar que salgan lastimados los que mas queremos , nuestros hijos .
  • Diego
    Muy linda la nota, tambien creo y lo digo con convencimiento que, no hay que ocultar a los hijos los malos momentos, los problemas, y tristezas, y tambien hay que ser demostrativo del afecto y amor que se tiene, es decir, el amor de esposo y el amor a los hijos, aunque te saquen de encima. Es la vida misma, es así.

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