Denles ustedes mismos de comer

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
Denles ustedes mismos de comer

Este domingo celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, o como comúnmente lo llamamos: Corpus Christi. Nuestra mirada está puesta en la Eucaristía como alimento de Salvación, al mismo tiempo que maná auténtico del que brota la fuerza y la sabiduría de Dios para nosotros, haciéndonos portadores de sí y enviándonos a la misión: “Hagan esto en memoria mía”, hasta que Él vuelva, como dice san Pablo a los corintios


Al mismo tiempo aparece la figura del sacerdote como aquel que ha sido elegido por Dios y confirmado por su Iglesia para presidir el misterio de la Misa en la que volvemos a conmemorar el sacrificio de la redención, en torno a un mismo altar que nos hace hermanos, “en el escuchar su Palabra, en el nutrirnos de su Cuerpo y Sangre, El nos hace pasar de ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión”, nos dice el Papa Francisco. La figura de Melquisedec, “sacerdote de Dios el Altísimo”, como nos dice el libro del Génesis, aparece como una prefiguración del sacerdocio real de Cristo del que participan luego todos los demás.


Sin embargo, nos estremece ver a la multitud congregada en torno a Cristo, para escucharlo, verlo, ser sanados, es decir, su grado de atracción en medio de su pueblo. De esa muchedumbre Jesús elegirá a aquellos que continuarán su obra, que concretizarán lo que el apóstol Pablo expone en la citada carta. “Despide a la multitud”, le dicen sus discípulos, mándalos a sus casas, no tenemos con qué alimentarlos a todos. Podemos preguntarnos aquí de qué carecían verdaderamente los discípulos ¿de alimento o de solidaridad?, su ser cristiano ¿no aparece con un cierto sesgo de funcionarios de fe, es decir, cual si fuese un trabajo más en lugar de una tarea que transforma y ocupa toda la vida, toda la existencia?


Poseían cinco panes y dos peces, sumados da siete: número de la perfección en términos bíblicos, por lo que podríamos decir que lo poseían todo, y así es: Cristo, Dios hecho hombre, estaba allí con ellos, y la muestra clara es el milagro de la multiplicación de los panes, no solo alcanzaron para todos sino que con los restantes se llenaron doce canastas, imagen de las doce tribus de Israel, hay suficiente alimento para todos no para algunos. En el “denles ustedes mismos de comer” se configura la verdadera comunidad cristiana, que no se desinteresa del otro, no lo ve como campo de acción que sirve a mi autocomplacencia, sino como hermano y por ello como el límite a mi individualismo.


Esta solemnidad de Corpus Christi, lejos de reducirse a una celebración histórica, pues se remonta al siglo XIII, se hace presente en nuestra relación concreta con Jesús Eucaristía y en cómo ésta modifica nuestra vida, en el desafío de recibir y hacer comunión con el otro, con el que tengo cerca y con aquel que representa un desafío a mis limitaciones.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / Twitter:@emilioroz)


 


 
 

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