Domingo 24 de julio

El Santo de hoy: San Francisco Solano

 
Domingo 24 de julio

Mateo 13, 44-52 


El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.


El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.


El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.

Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.


Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".


Cada parábola ilustra un aspecto del Reino de los Cielos, enriquece nuestra comprensión del Misterio.


El primer hombre "encontró" un tesoro y se llenó de alegría por el repentino hallazgo. El segundo "buscaba" perlas finas hasta que dió con la de gran valor. Dios irrumpe en la vida de quien busca la verdad y de quien está dormido; todos están llamados, todos son buscados por su amor de Padre.


 


SAN FRANCISCO SOLANO


Francisco Solano nació en 1549, en Montilla, España. Estudió con los Jesuitas, pero entró a la comunidad Franciscana porque le atraía mucho la pobreza y la vida sacrificada de los religiosos de San Francisco. 


Cuando llegó a Andalucía la peste del tifo negro, Francisco se contagió y creyó que ya le había llegado la hora, pero luego, de la manera más inesperada, quedó curado. Con eso se dio cuenta de que Dios lo tenía para obras apostólicas todavía más difíciles. Pidió a sus superiores que lo enviaran de misionero al Africa, pero no fue aceptada su petición. Poco después, el rey Felipe II pidió a los franciscanos que enviaran misioneros a Sudamérica. Finalmente y para alegría suya, Francisco fue el elegido para la misión de extender la religión en estas tierras. 

Fray Francisco Solano recorrió el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indios. Pero su viaje más largo fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo. Más de 3,000 kilómetros y sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas. 

Fray Francisco llegaba a las tribus más guerreras e indómitas y aunque al principio lo recibían al son de batalla, después de predicarles por unos minutos con un crucifijo en la mano, conseguía que todos empezaran a escucharle con un corazón dócil y que se hicieran bautizar por centenares y miles. 

Estando el santo predicando en La Rioja (Argentina) llegó la voz de que se acercaban indios salvajes a atacar la población. El peligro era sumamente grande, pero Fray Francisco salió con su crucifijo en la mano y se colocó frente a los guerreros y de tal manera les habló (logrando que lo entendieran muy bien en su propio idioma) que los indígenas desistieron del ataque y poco después aceptaron ser evangelizados y bautizados. 

El Padre Solano tenía una hermosa voz y sabía tocar muy bien el violín y la guitarra. Y en los sitios que visitaba divertía a sus oyentes con sus alegres canciones. 

San Francisco Solano misionó por más de 14 años por el Chaco Paraguayo, por Uruguay, el Río de la Plata, Santa Fe y Córdoba de Argentina, siempre a pie, convirtiendo innumerables indígenas y también muchísimos colonos españoles. Su paso por cada ciudad o campo, era un renacer del fervor religioso. 

Por orden de sus superiores, Fray Francisco pasó sus últimos días en la ciudad de Lima predicando y convirtiendo pecadores. 

Murió en su habitación el 14 de julio de 1610. 

 

 
 

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