El Espíritu Santo nos impulsa a la plenitud

Comentario del Evangelio del Domingo, por Emilio Rodríguez Ascurra.

 
El Espíritu Santo nos impulsa a la plenitud

La venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles, reunidos en silencio, oración y llenos temor, inaugura la Iglesia, la bautiza. Pentecostés es el inicio de una nueva etapa en la vida de cada uno de ellos, hoy en la de cada uno de nosotros como Iglesia. Todo es regenerado, recreado, la vida toda alcanza un nuevo dinamismo, cada cristiano es no solo impregnado del Espíritu sino que este lo impulsa a dar testimonio de aquello que es portador, desde su lugar, con sus propias capacidades; el Espíritu unifica lo diverso, da unidad a la diversidad.


El Espíritu Santo que aparece representado en la Escritura con los términos soplo, viento, pneuma, llamas de fuego, con forma de paloma, es el estímulo que cada hombre y cada mujer reciben para hacer de sí mismos nuevas personas y descubrir dentro ese llamado profundo a un destino común: la santidad. El Espíritu nos orienta hacia la realización del Reino que si bien ya está entre nosotros, aun no ha alcanzado su plenitud; somos impulsados a dar testimonio y a santificar nuestras vidas en la familia, en nuestro trabajo, en nuestras tareas cotidianas, en la vida civil, comunitaria, etc.


“No se es cristianos por momentos, solo algunas veces, en algunas circunstancias, en algunas ocasiones. ¡No, no se puede ser cristianos así! ¡Se es cristiano en todo momento! Totalmente”, nos exhorta el Papa Francisco, es Dios quien habitando en nuestro interior nos mueve a actuar como verdaderos cristianos resucitados, “si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos será superficial”. El Espíritu Santo quiere inaugurar esa nueva era de cristianos comprometidos cuya meta es la civilización del amor, la realización de la voluntad del Padre en la sociedad.


El Espíritu Santo impulsa al hombre a la perfección en todos los órdenes: personal y social, llevándolo a su plenitud, saneando nuestros proyectos e instituciones de toda impureza, nos libera de nuestro egoísmo para hacernos alcanzar el gozo del dar y del darnos, como el mismo Cristo, solo ahí el hombre se encuentra a sí mismo, cuando se entrega. El Espíritu libera nuestra voluntad de todo “ombliguismo” y la potencia empujándola a la realización del mas pleno bien, el que glorifica a Dios y da paz a los hombres y mujeres amados por él.


(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / Twitter: @emilioroz)


 


 
 

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