El Maestro oculto

De todos los maestros que pudo tener un gran sabio, como lo fue Santo Tomás de Aquino, ¿cuál fue principal?

 
El Maestro oculto

Nos enseña Santiago en su epístola que "si alguien necesita de sabiduría, pídala a Dios, que a todos da liberalmente, con simplicidad y sin recriminación y le será dada" (Sant. 1, 5).


Santo Tomás de Aquino fue, además de santo, uno de los grandes maestros de la Iglesia. Su sabiduría es reconocida a través de los siglos y sus aportes tanto filosóficos como teológicos continúan vigentes hasta hoy.


¿Y cuál fue el Maestro de aquel sabio? Tomás leyó a muchos grandes pensadores, cristianos y paganos, tuvo varios maestros entre los que se destaca San Alberto Magno, pero el secreto de su sabiduría estaba en otro lugar: su gran e insuperable Maestro fue el Santísimo Sacramento, delante del cual pasaba rezando horas enteras, día y noche.

Guillermo de Tocco, su primer y principal biógrafo, insiste en decir que Tomás adquirió el hábito de rezar bastante cuando tenía que vencer un obstáculo, intervenir en un debate importante o enseñar cualquier materia ardua. Él confesaba encontrar de esta manera la solución a los problemas que lo torturaban. En cuanto al tiempo que la mayoría de los hombres acostumbran dedicar al descanso, Tomás lo redujo a casi nada para prolongar este encuentro con Jesús en la Eucaristía.

Durante la celebración de la Santa Misa, entraba en éxtasis al contemplar el milagro que se obra en la consagración, cuando pan y vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Crsito. Tomás llegó a afirmar que aprendió mucho más junto al Santísimo Sacramento que en todos sus estudios.

El Padre Santiago Ramírez, basándose en el proceso de canonización de Santo Tomás en Nápoles, explica en su biografía sobre el "Doctor Angélico" que "él era el primero en levantarse por la noche, e iba postrarse delante del Santísimo Sacramento. Y cuando tocaban las Maitines (oración de la madrugada), antes que los religiosos formasen fila para ir al coro, él volvía sigilosamente a su celda para que nadie lo notase".

Fue mucho lo que estudió Tomás, muchas las horas dedicadas a la reflexión, pero nada fue más poderoso que su amor a Cristo, el Maestro oculto en la Eucaristía.

Por Mons. João S. Clá Dias

Fuente Gaudium Press (Adaptación)
 
 
  • Reul
    Soy bueno

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