El mayor regalo de Dios es ser papá

Muchas alegrías regala el Señor, pero la posibilidad de ser padre es algo muy especial.

 
El mayor regalo de Dios es ser papá

Siempre tengo sensaciones encontradas cuando se acerca el día del Padre. En mi caso, hace nueve años perdí al mío, con quien me unía –además del amor filial- una profunda amistad que se expresaba a través de gestos permanentes. Papá era para mí un amigo confidente con quien podía hablar y esperar de él un consejo, siempre sabio, y sobre todo, siempre sereno.


Mi padre nunca volaba los puentes. Aún cuando su temperamento era explosivo, su cercanía con Dios en la oración y la Gracia, hacían de él una persona afable, cariñosa y siempre dispuesta a estirar la mano para ayudar a los demás.


Las sensaciones encontradas tienen también que ver con mi actual paternidad cuyo resultado –todavía muy incipiente- se manifiesta sólo en expectativas, en fotos actuales, que congelan estos momentos de Guido y de Valen de 9 y 7 años. Hoy mis hijos, como los de todos mis amigos, son unos genios, los mejores del mundo, los que van a tener éxito profesional y –sobre todo- éxito como personas. Todavía se hace difícil ver el final de la película, que –si Dios quiere- tampoco la veré yo, como no la vio mi padre. Porque lo natural, aunque no siempre ocurra, es que los padres partamos antes que nuestros hijos. Esa película, tan personal, tan única, tiene dos finales: cómo hemos sido como hijos, y cómo nos hemos comportado como padres.


Ayer, el capellán del colegio de mis hijos, el padre Marcos, me ayudó a comprender algo que siempre daba vueltas alrededor mío, pero él lo puso en palabras muy simples. Los cristianos tenemos la exclusividad de llamar a Dios “Padre”. Pero no sólo eso, Jesús en uno de sus momentos más difíciles, y elevando los ojos al cielo dijo “Abba, Padre”, usando las dos acepciones. ¿Son sinónimos? No.


“Abba” (arameo) es la fonética de la palabra formada por los labios de los niños cuando comienzan a balbucear y a identificar con la fuerza sobrecogedora de lo natural a su progenitor. Significa “papito”. E implica una confianza total. Padre, en cambio, expresa un entendimiento inteligente de la relación. Las dos palabras juntas, como las dijo Jesús, expresan el amor y la confianza inteligente del hijo.


En este día, quizá, podamos mirar a Dios con la confianza y el corazón de un niño y balbucearle palabras de amor y confidencias, sabiendo que no somos perfectos, pero convencidos de que Él nos ha elegido desde siempre de esta manera, con nuestras virtudes y con nuestros defectos. Si nada de lo que hagan nuestros hijos puede hacer cambiar el amor que tenemos por ellos, tampoco el amor del Padre cambiará a causa de nuestros pecados. Y también es una oportunidad de poner en las manos de Abba la vida de nuestros hijos, sabiendo que sólo Él, nuestro papá, podrá acompañarnos en esta espectacular misión de ser su imagen y su semejanza, y así tener alguna oportunidad de éxito.


O.M. © Yo Creo



 


 

 
 
  • Graciela
    Hermoso Orlando, trasmite con palabras sentidas el sentimiento puro y simple del amor de un padre, a los que no lo tenemos, el recuerdo siempre intacto de su presencia y cariño que nada lo iguala... y para vos, GRAN papá, un fuerte abrazo a la distancia, con todo mi afecto

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