El mensajero somos nosotros

¿Quién asumió el compromiso de llevar la Buena Noticia? ¿Es asunto mío?

 
El mensajero somos nosotros
Volvamos poco menos de dos mil años atras en la historia, pero a una imagen alternativa o virtual (un término tan de moda hoy).

Es el primer día después del sábado, un día tranquilo y de descanso para los miembros del Sanedrín que, tras la pesadilla del nazareno que tanto les había molestado, comentaban cómo la crucifixión en manos romanas les había librado para siempre del inoportuno Jesús.

De pronto, en el centro de la reunión, una luz muy blanca los aturde. En medio de ella aparece "el muerto" y les dice -porque finalmente es Dios amoroso-: "la paz sea con vosotros". El terror se apodera de todos los presentes y caen por tierra "¡No puede ser! murió en el Calvario, lo vimos morir, el cielo se cubrió y tembló la tierra. ¿Qué es esto?"

Pero "el muerto" ha resucitado, ha vuelto a la vida con su propio cuerpo y las heridas visibles de la crucifixión. Les dice: "Como se los anuncié, destruistes este templo y yo lo reconstruí en tres días, y aquí estoy, vivo de nuevo por siempre, hasta el fin de los tiempos y después de ellos. Seguiré llevando el mensaje de mi Padre a todos los confines del mundo"

El terror de los presentes es aún mayor. Pero el resucitado insiste: "Vengo a ofrecerles mi perdón, pues sin vuestra maldad, las profecías no se habrían cumplido. Vengo a repetirles el mensaje de mi Padre, ¡arrepiéntanse y conviértanse!".

Finalmente, la evidencia del amor del Señor resucitado doblega a los presentes, y postrados de rodillas, creen en Él y lo siguen...


Pero no, esa escena no sucedió.

La realidad fue diferente. Jesús resucitado visitó a los suyos en privado, les dio consejos, encargos, infundió al Espíritu Santo y un día, los dejó solos, humanamente hablando. Nunca se irá, vive en la gloria del Padre pero está presente hasta el fin del mundo.

Sí, el mensajero somos nosotros. El Evangelio no llegará a todos los rincones del mundo sino por el anuncio y el testimonio de los cristianos.

Sí, somos nosotros, con nuestras limitaciones, nuestras caídas, nuestros temores. Somos los mensajeros de Jesús de Nazaret, el resucitado.

Siguiendo al Maestro, "mansos y humildes de corazón", no temamos ser sus mensajeros. Él pondrá en nuestra mente y en nuestra boca lo que debemos hacer y decir. No nos pide más de lo que podemos, ¡no tengamos miedo! pues muchos corazones esperan el anuncio de la Buena Noticia. Somos parte de la obra de Dios porque Él así lo quiso, vivamos nuestra vocación evangelizadora con la confianza en que el Señor nos acompaña y obra maravillas a través de los suyos.

Salvador I. Reding Vidaña


Fuente Catholic.net (adaptación)

 
 

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