El mercadeo de la fe

Jesús nos invita a no vivir en la culpa, a no hacer de la culpa un estilo de vida.

 
El mercadeo de la fe

Este tiempo previo a la Pascua, que llamamos cuaresma, es un itinerario en el que junto a Jesús subimos hacia Jerusalén, mientras vamos caminando nos encontramos con facetas nuestras que creíamos no existían, con nuestra vida de lleno y buscamos la conversión, y con nuestras flaquezas, aquellas cosas que debemos cambiar para fortalecer nuestro ser hijos e hijas de Dios.


El episodio en el que Jesús hecha a los vendedores del templo, que en tiempo cercano a la pascua judía se convertía en una especie de feria de cosas, nos interpela muy de cerca a cada uno. Nos lleva a preguntarnos acerca de qué es la fe para nosotros, qué lugar ocupa Dios en nuestra vida. Es acaso un bien del que podemos prescindir con la misma facilidad que con cualquier otra cosa, o al que podemos cambiar por otro sin temblor alguno.


Jesús nos invita a no vivir en la culpa, a no hacer de la culpa un estilo de vida en el que ofender a los demás y por consiguiente a Dios, vivir en la indiferencia frente a quienes nos necesitan, prófugos de las realidades en las que debemos ser servidores.


Hacer un mercadeo nuestra fe es vivirla a partir de tendencias de conveniencia / no-conveniencia, ganancia / pérdida, en donde no hay lugar para el otro, y tampoco hay lugar para Dios, pues el eje es mi individualidad y es desde allí donde vivo mi fe según la ley de mercado: Dios me da esto, yo aquello; no confío plenamente en aquel que me sostiene en la existencia y me acompaña con su mano misericordiosa de padre en los momentos difíciles.


La fe debemos vivirla no a modo de cumplimiento, ni como negociantes de lo divino, sino como la relación de hijos e hijas que quieren interiorizarse en su relación filial, que confían en Dios que es amor, y caminan junto a Jesús este camino cuaresmal.


(Fuente: Yo Creo / Autor: Emilio Rodríguez Ascurra / @emilioroz)


 
 

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