El misterio del hombre y la historia de Salvación

La historia aparece en Jesús no solo como una sucesión de hechos sino como historia de Salvación. (Comentario al Evangelio del domingo)

 
El misterio del hombre y la historia de Salvación

Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, quiere pasar tiempo con ellos, como maestro necesita estar a solas con sus discípulos para poder revelarles su gloria, su real identidad. Solo quien tiene un trato directo y personal con Jesús es capaz de dar testimonio de él, y ellos son los discípulos, en particular estos tres.


Delante de ellos se transfigura. Si buscamos en cualquier diccionario el significado de la acción de transfigurarse, encontramos definiciones parecidas a esta: “La transfiguración es una transformación de algo e implica un cambio de forma de modo tal que revela su verdadera naturaleza.” Jesús se muestra tal cual es en este acontecimiento, de modo tal que aparecen dos figuras del Antiguo Testamento: Elías y Moisés, que simbolizan la Ley y los Profetas.



Jesús ha venido a darle pleno cumplimiento a la Ley, que supera la mera legislación sobre actos humanos exteriores, y ha dado cumplimiento a todo lo anunciado por los profetas, en él la historia de la humanidad adquiere su verdadero significado. Lo que el Génesis intenta explicar, los orígenes del cosmos, en Jesús adquiere sentido de salvación: la historia no solo como una sucesión de hechos sino como historia de Salvación.


Pedro está tan extasiado que propone armar carpas y quedarse unos días allí, quien tiene experiencia real del Maestro  en su vida se ve y es partícipe de ese bienestar quiere permanecer en ese estado, ya no puede volver atrás sin haber sufrido una transformación radical de vida. Así, cada uno de nosotros somos invitados por el mismo Jesús a dejarnos transfigurar por él, a permitir que su identidad sea revelada a nosotros y con ello el misterio humano, el del sentido de nuestra vida y del sufrimiento, es esclarecido.


“El sufrimiento ciertamente pertenece al misterio del hombre. Quizás no está rodeado, como está el mismo hombre, por ese misterio que es particularmente impenetrable. El Concilio Vaticano II ha expresado esta verdad: «En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque... Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación».” (1)


(Fuente: Yo Creo / Autor: Emilio Rodríguez Ascurra / @emilioroz)


 

(1) San Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Dolores n.31

 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación