El que sabe quién soy...

Es fácil y habitual llamarse amigo de álguien, pero... ¿Quién es realmente amigo?

 
El que sabe quién soy...

Hace ya más de un siglo, Oscar Wilde, el exquisito escritor irlandés, supo decir:


“Sí, el amor está muy bien, pero la amistad es una cosa mucho más alta. Realmente, nada hay en el mundo más noble y raro que una amistad verdadera”.

Una sentencia curiosa, sobre todo en labios de quien fue lo que suele llamarse “un hombre de mundo”.

Una forma de medir el valor que las cosas tienen para nosotros, es imaginar cómo sería nuestra vida sin ellas. Por ejemplo: es probable que nuestra vida no cambie demasiado si contáramos con menos dinero o tuviéramos que privarnos de alguna forma de placer. Pero es seguro que ninguna persona en sus cabales podría resignarse a vivir sin experimentar el amor, porque quien ha gustado su sabor ha descubierto un sentido –quizá el único– para su vida. Sin embargo, con sólo mirar nuestra propia experiencia, descubrimos la dificultad para construir un amor pleno y consistente.

Cuando dos personas se dedican a encontrar puntos en común, están buscando puentes que superen una soledad quizá nunca visitada, pero presentida. Este anhelo de compañía se traduce de muchas maneras. Pertenecer a un grupo, paradójicamente, es una de las primeras formas que encontramos para definirnos (como confirma aquello de “Dime con quién andas y te diré quién eres”). Sin embargo, esta pertenencia no alcanza: no existe la amistad de a muchos, porque se trata de un género de relación que reclama intimidad. Podemos formar parte de un grupo de amigos, pero el vínculo con cada uno de ellos será singular.

Dos señales esenciales nos permiten comprobar la calidad de una amistad:

• El amigo es el que sabe quién soy. 

• El amigo es el que se queda cuando todos se van.

“¿Soy un buen amigo?” es, de esta manera, una pregunta que nos ayuda a juzgar qué clase de persona somos.

Jesús usó varias imágenes para presentarse ante los hombres: el buen pastor, la vid verdadera, el pan vivo... Pero algo me dice que el título más certero con el que quiso ser llamado es el de amigo. Cuánto más consoladora, entonces, suena esta frase en su boca:

“Ya no los llamo servidores,

  porque el servidor ignora lo que hace su señor;

  yo los llamo amigos” (Jn 15,15).

Es posible que a Oscar Wilde tampoco le pasaran desapercibidas estas palabras.

G. S. © Yo Creo


 

 
 
  • Stella Bouzas
    Gracias Amigo GUS
  • NOMBRE Mrgarita Laurentina Hevia
    DESCRIPCION Me encantó, quiere decir: Siento que alquien está expresando un sentimiento que comparto. Quisiéra, si puede ser, suscribirme. Gracias, bendiciones.

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